Antonio Sánchez-Cervera: «Vox y el voto de la derecha clásica»

Antonio Sánchez-Cervera: "Vox y el voto de la derecha clásica"

Puede que Vox esté empezando a aglutinar una parte creciente del voto de la derecha clásica en España, un espacio político que durante décadas se movió entre el conservadurismo liberal, el respeto a las instituciones y una cierta idea de estabilidad nacional alejada del contubernio nostálgico y del patriotismo retórico que en otros tiempos monopolizó ciertos discursos.

La desaparición práctica de Ciudadanos ha dejado un hueco evidente en ese espacio político. A ello se suma el trasvase de votos — una realidad que empiezan a reflejar distintas encuestas—  tanto desde el PSOE como desde el Partido Popular hacia la formación que nació en 2012. Aquella iniciativa política surgió muy vinculada al entorno del expresidente José María Aznar y en claro desacuerdo con la estrategia de moderación que defendía Mariano Rajoy y su círculo político.

Rajoy optó por una política de contención permanente que, según sus críticos, terminó por diluir la identidad política del centro-derecha. El episodio que culminó con la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a la presidencia — tras la decisión del entonces líder popular de no convocar elecciones anticipadas y confiar en un PNV siempre desleal — sigue siendo recordado como uno de los momentos más imperdonables y de mayor desconcierto estratégico de la derecha española.

En ese contexto, Vox parece estar recibiendo ahora votantes procedentes de un conservadurismo liberal que reivindica valores clásicos del constitucionalismo democrático: defensa de la soberanía nacional, orden institucional, identidad cultural y economía de mercado. Un planteamiento que algunos de sus simpatizantes comparan con el conservadurismo europeo que representaron figuras como Winston Churchill o Konrad Adenauer, ambos convencidos de que la estabilidad institucional y la fortaleza del Estado eran pilares imprescindibles para la prosperidad de las sociedades occidentales.

La percepción de ese movimiento electoral parece venir avalada por la encuesta publicada por 40dB el miércoles 4 de marzo de 2026, en la que Vox incrementaría su representación parlamentaria gracias precisamente al voto procedente de sectores de la derecha tradicional. En paralelo, las formaciones situadas a la izquierda del PSOE continúan perdiendo terreno. Sumar y Podemos atraviesan una etapa de evidente desgaste político; este último incluso ha desaparecido del parlamento aragonés tras las recientes elecciones autonómicas.

A ello se suma un episodio singular que ha situado a la vicepresidenta Yolanda Díaz en el centro de la polémica pública: la demanda de conciliación presentada por el cantante Julio Iglesias por presuntas injurias y calumnias, tras unas declaraciones realizadas por la ministra en redes sociales y en TVE. El artista internacional exige una rectificación pública. No han faltado quienes se preguntan si este tipo de controversias influyen en la reciente decisión de Díaz de anunciar que no será candidata en las próximas elecciones generales.

Mientras tanto, la política exterior y de defensa española, al final, vuelve a mecer la cuna norteamericana. El mismo miércoles, Pedro Sánchez comparecía solitariamente ante los medios — sin admitir preguntas — recuperando el lema tradicional de la izquierda española del “no a la guerra”. Sin embargo, pocas horas después, se conocía el despliegue de medios navales españoles junto al portaaviones nuclear francés Charles de Gaulle: un buque de aprovisionamiento de combate de gran tamaño para suministro de combustible y munición y una fragata equipada con el sistema de combate Aegis de fabricación estadounidense, capaz de detectar y seguir hasta noventa objetivos simultáneos y dirigir misiles antiaéreos y de superficie.

Ese mismo día, la ministra de Defensa, Margarita Robles, se reunía con el embajador de Estados Unidos en Madrid hasta las 18:30. Apenas una hora después, a las 19:30, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmaba que España había acordado en las últimas horas cooperar con el ejército estadounidense. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, aseguró no tener información concreta sobre ese supuesto acuerdo.

En paralelo, en Turquía, una batería española de misiles Patriot detectó y monitorizó un misil iraní que se dirigía hacia territorio turco y que finalmente fue derribado. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, subrayó públicamente que ese sistema español contribuye a proteger intereses estratégicos de Estados Unidos y de la Alianza Atlántica.

En este contexto de tensiones internacionales y de creciente incertidumbre política interna, el movimiento del electorado conservador español podría estar señalando algo más profundo que un simple cambio coyuntural. Tal vez estemos asistiendo al intento de recomposición de una derecha clásica que busca representación política clara, coherente y reconocible en el tablero español.

Si Vox logra consolidar ese espacio o si se trata solo de un fenómeno pasajero será algo que, como tantas veces en política, terminarán decidiendo las urnas. Pero lo que parece indiscutible es que el mapa electoral de la derecha española vuelve a moverse. Y cuando eso ocurre, rara vez lo hace sin consecuencias duraderas.

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