Antonio R. Naranjo, periodista, titula su columna Un presidente para siempre o en el juzgado: “La catástrofe democrática que ha forzado Sánchez ya solo tiene dos posibles desenlaces”.
Publicada el 14 de marzo de 2026 en El Debate, esta pieza comienza con una afirmación contundente: el marido de Begoña ha socavado los cimientos institucionales hasta reducir sus opciones a dos: mantenerse en el poder o comparecer ante un tribunal.
Naranjo resalta de inmediato el incumplimiento sistemático de normas esenciales. “Pedro Sánchez lleva dos años sin presentarse al Senado para someterse a una sesión de control. Tampoco ha respetado durante toda la legislatura el mandato constitucional de presentar los Presupuestos Generales en el Congreso, donde no tiene una mayoría parlamentaria que compense su escaso respaldo en las urnas y legitime su condición de presidente, hasta tal punto que ejerce su gobierno por decreto, un abuso democrático si lo excepcional se convierte en norma”.
Este fraude evidente, enfatiza el autor, no puede ser defendido ni siquiera en el “delirante universo paralelo del sanchismo”.
La reflexión continúa con los fraudes subjetivos, que para Naranjo rozan la traición.
Debe su Presidencia a figuras como Otegi, Junqueras y Puigdemont, lo que implica negociar su investidura desde el extranjero y aceptar un plan impuesto por “enemigos de España”.
“Deberle la Presidencia a Otegi, Junqueras y Puigdemont; negociar la investidura desde fuera y aceptar que la hoja de ruta de España sea dictada por quienes desean su destrucción también es un atraco que vulnera el espíritu de las leyes y costumbres”. Aunque legal desde un punto de vista parlamentario, el autor lo considera inmoral, citando a Montesquieu: algo no es justo solo porque sea legal.
Plagas bíblicas y genoma antidemocrático
El artículo enumera las calamidades ocurridas bajo la gestión de Sánchez –pandemias, guerras, apagones, crisis e incendios–, pero señala que la peor es el propio presidente.
“Contamos con un presidente que no debería estar allí, incapaz de gobernar y sin respaldo ni del electorado ni del Congreso, salvo para su breve investidura, y que aún así logra sobrevivir en La Moncloa atrincherado y armado con el BOE”. Naranjo contrasta la Transición, modelo global de cambio pacífico, con el “sanchismo”, una insurgencia autocrática sin parangón en democracias occidentales.
En un tono casi apocalíptico, el periodista concluye planteando el dilema final: “Así es como Sánchez quedará grabado en la historia, cumpliendo su anhelo confesado: inmortalizado en una página oscura pero eterna a la que solo le faltan unas líneas finales para ser singular: rematar su deseo de perpetuidad o terminar en un juzgado. Que es lo suyo”.
Esta catástrofe, con ecos de escándalos como los protagonizados por Ábalos o Cerdán, así como tragedias como Adamuz, acelera un choque entre poderes que devora cualquier posibilidad de gobernabilidad.
La deriva también golpea al PP y Vox, obligados a unirse ante este “momento histórico”. Naranjo describe a Sánchez como un “zahorí del resentimiento” que entierra la Transición para resucitar viejos fantasmas como los de la Guerra Civil, llevando las riendas sin urnas ni un Parlamento real. Mientras la oposición exige dimisiones –con Feijóo y Abascal pidiendo responsabilidades por negligencias mortales–, el Gobierno se aferra al poder por decreto, alimentando temores sobre un 2026 repleto de crisis: ferroviarias, climáticas y judiciales.
- Incumplimientos clave: Dos años sin control en el Senado, presupuestos inexistentes y gobierno por RD.
- Alianzas tóxicas: Dependencia de independentistas y Bildu erosiona legitimidad.
- Riesgos inminentes: La corrupción salpica al equipo; catástrofes como Adamuz cuestionan gestión.
Este análisis dibuja un país al borde del abismo, donde la supervivencia de Sánchez depende ya sea de atrincherarse o rendir cuentas ante sus acciones pasadas. Mientras tanto, tanto Europa como los EEUU observan con preocupación cómo se desmorona España.
Desafíos que acechan en 2026
El diagnóstico de Naranjo resuena con advertencias externas: desde Ucrania hasta infraestructuras deterioradas y flujos migratorios masivos. “En esta lista interminable de calamidades bíblicas que han acompañado a nuestra mayor crisis política […] ya se cuentan pandemias, varias guerras, apagones masivos, crisis económicas y otros desastres naturales”. Las voces críticas advierten que España no puede soportar más inyecciones perjudiciales para su sistema político.
La crisis democrática obliga a pactos difíciles: tanto el PP como Vox deben priorizar acuerdos sobre divisiones internas mientras Sánchez navega sin presupuestos ni mayorías estables. El Poder Judicial está amenazado y un Ejecutivo dominante sobre el Legislativo dibuja una imagen cercana a una dictadura suave influenciada por movimientos antisistema. Naranjo no duda: el sanchismo será recordado como un episodio nefasto en nuestra historia política culminando bien en perpetuidad o bien ante la justicia.
En este escenario complejo, la ruleta rusa entre trenes y presas –con 45 fallecidos en Adamuz– acelera las demandas por transparencia que Sánchez promete pero no cumple. La oposición observa atentamente; con Feijóo reclamando respeto hacia las víctimas ve cada fallo gubernamental como un crimen más. Así es cómo Naranjo ilumina este 2026 donde solo hay dos caminos posibles para romper el actual impasse: banquillo o trono eterno.
