En toda la boca.
Antonio R. Naranjo titula su columna de hoy Que te voten Txapote, Txeroqui y Anboto: «La escandalosa liberación de etarras es una exigencia de Otegi que Sánchez aceptó para alquilarle la Presidencia a Batasuna«.
Publicada este 24 de marzo de 2026 en El Debate, Naranjo denunbcia en su artículo cómo el Gobierno Frankenstein ha transferido competencias penitenciarias al País Vasco con el fin de facilitar la excarcelación de terroristas como Anboto o Txeroqui, a cambio de apoyo parlamentario.
«Desde hoy, la jefa de ETA Soledad Iparaguirre, Anboto, puede salir de prisión cada día y vivirá en libertad, sin mostrar arrepentimiento ni renegar de nadie, a pesar de tener condenas que no podría cumplir ni aunque resucitara ocho veces.» Naranjo destaca el oscuro historial criminal de esta etarra, condenada por haber ordenado el asesinato del Rey Juan Carlos, liderar extorsiones y encabezar la etapa más sangrienta de ETA en los años 80, cuando la banda puso en jaque a la democracia.
Pero hay algo todavía peor en la impúdica codicia de Sánchez, heredera de la de Zapatero: no solo logra algo que no merece a cambio de conceder lo que no está en su mano, para humillación de quienes se dejaron la vida por defender un Estado ahora en cambalache. Además, ha blanqueado un pasado teñido de sangre y legitimado unos objetivos que debieran estar ya olvidados y vencidos.
El periodista critica la narrativa oficial que atribuye el final de ETA a Zapatero, cuando en realidad fue el trabajo incansable de jueces, policías y guardias civiles lo que logró esa victoria. «No por Zapatero, desde luego; por mucho que repitan ahora Sánchez y su coro rociero esa infamia: lo que hizo el expresidente, rematado ahora por su sucesor, fue intentar pagar por algo que era gratis, la derrota, regalándole en el camino una especie de indulto parcial.»
El trueque político por votos
Naranjo detalla el pacto: Otegi condicionó su respaldo a Sánchez a la liberación de etarras como Txeroqui. «A Anboto, como hace nada Txeroqui, se le concede salir anticipadamente de la cárcel porque el también terrorista Otegi le puso esa condición a Sánchez para convertirlo en presidente.» El Gobierno vasco, bajo la influencia del PNV y siguiendo órdenes de Sánchez, ha ido aplicando progresivamente la libertad a estos reclusos tras traslados masivos.
Esta estrategia, según Naranjo, blanquea el terrorismo y revive los viejos objetivos. Se transfirieron competencias penitenciarias y se movieron presos para que Bildu otorgara avances como semilibertad o salidas totales. El resultado: un presidente en manos del «trueque obsceno» con herederos de asesinos.
A ETA la derrotaron los jueces, los policías, los guardias civiles, una parte de la sociedad española, otra de la prensa y una más de la política. Y solo debía ser ahora un horrible recuerdo perenne que llenara de oprobio a sus cómplices, los arrinconara en las urnas y les hiciera sentir vergüenza a sus herederos políticos y familiares.
Y eso lo ha evitado este PSOE de Sánchez: hoy los nietos de los etarras sienten orgullo por sus abuelos, ponen fotos del asesino de Tomás Caballero en aquelarres de exaltación de sus biografías, Otegi no está lejos de gobernar en el País Vasco, las víctimas de todo lloran solas, aisladas y desatendidas y desalmados como Anboto o Txeroqui duermen en sus casas y quizá paseen como héroes por las calles de los pueblos que sus muertos nunca más podrán pisar. Todo por un puñado de votos.
«La abyección de comprarse así el cargo, nada menos que el presidencial, no admite debate: solo un sinvergüenza avaricioso es capaz de alcanzar un puesto que debe decidirse por los ciudadanos, sustituyendo la falta de votos por un trueque vergonzoso con esa coalición compuesta por golpistas, terroristas y prófugos.»
Humillación a las víctimas
El daño va más allá: nietos de etarras glorifican a abuelos asesinos. Mientras tanto, Otegi aspira a gobernar en Euskadi, dejando a las víctimas solas. Naranjo evoca cómo se frustró el final legítimo de ETA, basado en castigo, historia verdadera y estigmatización –todo esto bajo la mirada indiferente del PSOE. Hoy, figuras como Anboto o Txeroqui pasean libres mientras las víctimas lloran su sufrimiento.
- Anboto: Jefa de ETA, vive diariamente sin arrepentimiento.
- Txeroqui (Garikoitz Aspiazu): Exjefe con semilibertad para trabajar.
- Txapote: Mencionado en el título como símbolo palpable de impunidad.
La codicia mostrada por Sánchez, legado directo de Zapatero, legitima las aspiraciones etarras por «un puñado de votos». Que te vote Txapote, le dice al final un desolado Sánchez: una frase que encapsula toda la indignación ante esta rendición frente al terror.
Legado de sangre revivido
La caída de ETA se produjo gracias al Estado de derecho; no fue fruto de concesiones. Ahora, con estas liberaciones, se pone en tela de juicio esa victoria. Las víctimas como las del asesinato a manos del grupo terrorista son pisoteadas en aquelarres abertzales. Naranjo advierte: sin una vergüenza impuesta, crece la influencia electoral de Bildu.
Este texto entrelaza historia criminal, pactos políticos e ignorancia sobre las víctimas en un relato sobre una traición democrática que plantea interrogantes sobre el precio por alcanzar La Moncloa.
