ARTÍCULO PUBLICADO EN ‘20MINUTOS’

Mario Garcés tritura la cárcel de los gemelos y a Torrente, y de paso a quienes les aplauden como focas

Mario Garcés critica el auge de la vulgaridad como sello de nuestro tiempo, desde la cárcel de los gemelos hasta la película de Torrente y sus fervientes seguidores

Mario Garcés tritura la cárcel de los gemelos y a Torrente, y de paso a quienes les aplauden como focas

Mario Garcés, en su columna del 26 de marzo de 2026 en 20minutos.es, titula «El siglo del mal gusto» y comienza con una afirmación contundente: «Se ha impuesto la idea de que la vulgaridad, la falta de educación o el lenguaje soez pueden ser expresiones válidas que no contradicen el mal gusto».

Su argumento central señala que nuestra época exalta lo burdo como un valor positivo, desde espectáculos carcelarios hasta comedias simplonas. Garcés desmantela esta tendencia con una precisión notable, aportando ejemplos que reflejan el declive cultural:

«Es evidente que, si existe el buen gusto, ha de existir el mal gusto, aunque duelen prendas cuando se afirma que en este milenio no hay patrón estético para definirlo. En el mundo de la escultura, un gañán esculpe pájaros con su orina binaria en recipientes que congela y es arte. En el mundo de la política, cabestros sin oficio, de izquierda y derecha, suben a un estrado a regurgitar incoherencias léxicas e insultos variados y es política. En el mundo del cine, trenzas una sucesión bizarra de chistes sicalípticos que huelen a sopa rancia y la sociedad aplaude. Parece que se ha perdido ese sentido púdico en el que lo vulgar, lo escatológico o lo desproporcionado era antiestético. Se impone la creencia de que la vulgaridad, la falta de educación o el lenguaje soez pueden ser manifestaciones lúcidas que no contravienen el mal gusto. La fealdad, el gusto por lo repulsivo y lo repugnante se extienden sin remisión».

El ex secretario de Estado y buen amigo de la casa Periodista Digital, tritura la famosa cárcel de los gemelos, donde la chabacanería se convierte en un espectáculo televisivo, aplaudido por audiencias que confunden lo grosero con lo ingenioso. El triunfo es en redes sociales y sí, seguramente es lo más burdo que se ha podido echar nadie a la cara… desde Crónicas Marcianas.

Luego, Garcés se dirige a Torrente, el personaje creado por Santiago Segura, cuya saga representa el mal gusto llevado al cine: «La vulgaridad, la falta de educación o el lenguaje soez pueden ser manifestaciones lúcidas», ironiza el autor, señalando cómo se justifica lo zafio como acto de rebeldía:

«Esta afirmación se puede predicar de La cárcel de los gemelos, que es un bodrio que triunfa en Youtube, de un debate parlamentario en las Cortes o de una escultura en una galería de arte del barrio de Salamanca de Madrid. Por no decir también del cine de cuñados que arrasa ahora en las carteleras españolas. Claro está que, en una cultura democrática y pretenciosa como la nuestra, afirmar que algo o alguien tiene mal gusto puede ser discriminatorio y atentar contra la dignidad y la libertad del ser humano. En suma, puede ser peligroso solo por decirlo».

El autor teje estos elementos en un lienzo de decadencia cultural, donde España destaca en el ranking de lo ramplón. Garcés no solo critica; también anima a rescatar un gusto más refinado frente al tsunami de lo vulgar. Su pluma afilada deja al lector reflexionando sobre qué es lo que realmente aplaudimos en esta era digital.

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