Seguro que lo han notado muchos de ustedes.
Cuando no es la resurrección taurina de Morante, son las multitudinarias procesiones, el reverdecer del patriotismo o las encuestas.
Y en las tertulias de radio y televisión, plagadas de paniaguados que hablan de todo y no saben de nada, se echan las manos a la cabeza y abren debates preguntándose, cariacontecidos, qué les pasa a los jóvenes españoles.
No les sucede nada raro. La derecha crece como reacción a los excesos, melonadas y pifias de la izquierda.
Llevamos ocho años de Régimen Sanchista y el personal —el que no está contaminado por el virus de lo políticamente correcto ni afiliado a la charocracia— ha descubierto que el progresismo del marido de Begoña consiste en que los precios suban como la espuma, soltar asesinos etarras, claudicar ante separatistas catalanes, dejar que te okupen la casa, apoyar a Hamas, aplaudir a China y recibir MENAs como si fueran parientes en apuros, mientras hablamos desaforadamente de cambio climático, de feminismo transgénero, de Franco y vituperamos nuestra Historia, insultando a la Religión Católica y halagando al Islam.
Y a la gente, sobre todo a la chavalada, se le han hinchado las pelotas, máxime cuando ve que los profetas del sanchismo son una panda de puteros que roba a manos llenas y se está haciendo multimillonaria.
Hoy, en la Audiencia Nacional, empieza el juicio contra el Ministerio del Interior de Rajoy y sus torpes maniobras contra Bárcenas.
Mañana, en el Tribunal Supremo, se inicia el de Ábalos y su cuadrilla, arrancando con eso tan repugnante que fue forrarse traficando con mascarillas en tiempos del COVID.
Y la Brunete Pedrete mediática, encabezada por el diario El País, intenta equiparar ambos asuntos para quitarle hierro al segundo.
Y no es así. No sólo porque la Operación Kitchen del PP sucediera hace ya 13 años y por aquel entonces Feijóo estuviera en Galicia disfrutando de su segunda mayoría absoluta, sino porque lo de Ábalos, como lo de Koldo, Cerdán, Leire, Begoña, Jessica, Tito Bernie, el hermano músico, el rescate fraudulento de Plus Ultra, los apaños de Zapatero, la trama de Hidrocarburos o la financiación ilegal del PSOE, no hubiera sido posible sin Sánchez.
Él, el yerno del proxeneta Sabiniano, es el responsable directo de toda la inmundicia socialista.
Ninguna de las tramas hubiera prosperado de no contar con el visto bueno y la firma del amo.
Y por eso le han detenido y encarcelado a dos secretarios de Organización, tiene a su mujer imputada y a un ramillete de ministros en capilla.
No todos somos iguales, Sánchez; ni siquiera en esto de la corrupción.