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En cierta ocasión, el diablo me dijo que el responsable del mal en el Mundo no era él, sino yo.
Es decir, el imperfecto ser humano, tal como Dios lo creó.
Perversa y sibilina afirmación, como no podía ser de otra manera, viniendo del gran tentador.
En otras palabras, que el origen del mal en el mundo es el hombre, (varón/hembra), pero por culpa de Dios. ¡Qué listo!
La respuesta que le di, no tuve ni que pensarla, sino que salió disparada como un resorte: “Dios no creó al hombre perfecto, ni imperfecto; Dios creó al hombre libre”.
Dicho esto, miré al cielo, sonreí, y dije gracias.
Porque en aquellos momentos, no solo me sentía en armonía con Dios, sino también en sintonía; algo tan maravilloso que no se puede describir con palabras.
Tal vez con música.
Tal vez.

