Bien está pedirle a Dios algo, pero no seamos tan soberbios como para además decirle cómo lo tiene que hacer. Dios no es un niño; los niños somos nosotros.
Dios no es un mago que actúa mediante una varita mágica haciendo imposibles, porque sería ir contra las leyes con las que creó el Universo, y eso sería caer en la contradicción.
Porque Dios es Todopoderoso, pero no contradictorio; porque la contradicción es imperfección, y Dios es perfecto.
Los milagros no consisten en hacer posible lo imposible, sino en hacer posible lo que parecía imposible; lo que para nosotros lo es.
El cristianismo no es un cuento de hadas, con milagros a golpe de varita mágica.
En la vida hay milagros a diario, pero hay que ganarlos a base de fe, esfuerzo y constancia; pero sobre todo saberlos ver; reconocer.
En este mundo no hay hadas; aunque brujas no faltan; no tienes más que encender la televisión si las quieres ver.

