Teoría y Práctica

Infelizmente a gusto

Si alguien me pregunta si soy feliz, le responderé que a ratos

La tentación de San Antonio
La tentación de San Antonio. PD

Hace unos años, no demasiados, descubrí la clave de la felicidad: “Vive en armonía con Dios; confía en Él, y deja que las cosas fluyan y sucedan”.

Esta es la teoría; veamos la práctica.

Si alguien me pregunta si soy feliz, le responderé que a ratos.

En primer lugar, porque vivir en continua y plena armonía con Dios es algo que tan solo lo consiguen los santos, y yo, ni lo soy, ni me acerco; amén que tampoco lo pretendo. Y eso que mi vida ha tenido mucha similitud con la de San Agustín, en su primera época, cuando el de Hipona era un pendón desorejado. Él, finalmente subió a los altares, mientras que, un servidor, aún va buscando dónde estarán sus orejas.

En segundo lugar, porque, aunque hoy ´casi´ vivo en armonía con Dios, aún me quedan viejas deudas que saldar. Antiguas culpas que, gracias a la Divina Misericordia, voy amortizando en cómodos plazos sin intereses, pero que pagar, sí o sí, tengo que pagar.

Así, cuando asumes el sufrimiento presente como pago por algo que hicimos en el pasado, aunque ahora no lo recordemos, a partir de ese momento el sufrimiento sigue, pero ya no duele tanto, al haber dado sentido al dolor y haberlo aceptado como algo positivo, amén de necesario.

En cuanto a las otras pesadumbres diarias que soportamos, y que no se corresponden con el pago de viejas deudas, suelen ser avisos, toques de atención, que nos indican que no estamos viviendo en armonía con Dios, y que hay cosas en nuestra vida que deberíamos cambiar.

Claro que mientras una mayoría piense que vivir en armonía con Dios consiste en ir a misa los domingos y fiestas de guardar, y poco más, nada conseguiremos. Porque lo cierto es que no podemos vivir en armonía con Dios, si no vivimos en plena armonía con nuestro prójimo; y no se trata de no hacer el mal y ya está; se trata de hacer el Bien.

Si dedicásemos las mismas energías que empleamos en progresar materialmente, a progresar espiritualmente, otro gallo cantaría. Pero lo cierto es que la gran mayoría no se plantea el crecimiento espiritual, simplemente sobrevive, rácanamente, con unos mínimos, y con ello se queda tan a gusto… Bueno, infelizmente a gusto.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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