He cerrado los ojos y la he vuelto a ver, entregada, sonriente, condescendiente, amablemente mía pero distanciada, quieta ante el profundo abismo que nos separa; oscuridad, vacío, y su mirada que me llama…; que me hace volar hasta un mañana sin dolor ni muerte, pero también sin alma…
Nunca me dijo su nombre, más no importaba, porque en el fondo siempre supe quién era y cómo se llamaba.

