ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DEBATE

Antonio Naranjo ajusta cuentas ya con los periodistas palanganeros: «¡También son cloaca!»

El periodista recuerda aquel manifiesto de la vergüenza que firmaron en 2024

Rosa Villacastín, Ana Pardo de Vera y Silvia Intxaurrondo.
Rosa Villacastín, Ana Pardo de Vera y Silvia Intxaurrondo.

Publica Antonio Naranjo una columna en El Debate este 10 de junio bastante esclarecedora: En el periodismo también hay una cloaca y una UCO.

La idea principal del texto es clara: una parte del periodismo español ha actuado como un soporte político y mediático del sanchismo, al mismo tiempo que denunciaba supuestas conspiraciones contra Pedro Sánchez sin ofrecer evidencias contundentes ni especificar autores, métodos o responsabilidades.

Naranjo sitúa esta reflexión en el recuerdo del “Manifiesto contra el golpismo mediático y judicial”, que se convierte en símbolo de una deriva informativa y política que considera profundamente degradada. Recuerden, aquella vergüenza que tiene ya más de dos años, firmado en 2024. 

En este inicio, el articulista relaciona la situación en Ferraz y Moncloa con la respuesta de varios comunicadores y colaboradores mediáticos.

“En ese contexto, una parte del periodismo español decidió apoyar al presidente socialista mediante la elaboración y difusión de un manifiesto en el que se denunciaba al «golpismo judicial y mediático», que a su juicio estaba detrás de los problemas del pobre Sánchez, víctima de una conspiración concertada que debía ser detenida”.

Más adelante, el texto subraya que ese apoyo no fue ni marginal ni aislado; fue evidente y con nombres concretos.

“Los firmantes, entre los que se encuentran Silvia Intxaurrondo, Maruja Torres o Antón Losada, afirmaban que se estaba vulnerando la democracia e incluso llamaban a la ciudadanía a defenderla, sin perder tiempo en justificar tal profecía”.

Naranjo también lanza un reproche significativo: la falta de acusaciones precisas.

“Ninguno de ellos fue capaz, ni entonces ni ahora, de señalar con claridad quién estaba conspirando, cómo lo hacía y con qué métodos específicos”.

A partir de este punto, la columna se adentra en una crítica más amplia del ecosistema informativo, prestando especial atención a la televisión pública y al uso de recursos institucionales. El autor argumenta que, frente a la documentación acumulada por diversas unidades policiales y judiciales, parte del espacio mediático ha optado por construir relatos que refuercen al Gobierno y desacrediten a quienes investigan o denuncian las tramas en torno al poder.

El manifiesto como punto sin retorno

El artículo vuelve repetidamente sobre ese documento para presentarlo como evidencia de militancia más que análisis. Se enfatiza que aquellos firmantes no solo expresaron su opinión; también habrían participado en una campaña para presionar a periodistas críticos con el Gobierno. Para Naranjo, este gesto deja una huella difícil de borrar en la memoria del oficio.

“Aquello fue una vendetta mafiosa; mañana será un pliego de cargos y una confesión de culpa. En el periodismo también ha existido una cloaca y una UCO informativa”.

El remate final de Naranjo es deliberadamente contundente y deja claro su mensaje.

Pero habrá que dejar algo para todas sus damas de compañía mediáticas, indecentes pero no baratas: ese manifiesto está grabado en la memoria y, para desgracia de todos ellos, nadie lo olvidará”.

Con este cierre potente, la columna cristaliza una idea fundamental: la crisis no solo impacta en la política; también afecta a un sector del periodismo que, según el autor, ha cruzado los límites entre información, activismo y blindaje del poder.

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