Los discursos del Papa León XIV han vuelto a poner de manifiesto su rostro de buena persona y su rigor intelectual. Sin alcanzar el nivel de Benedicto XVI su condición esencial de misionero matiza los aspectos sociales de Francisco y su populismo sin concretar.
No concretar es decir que la guerra es un mal porque lo difícil es ir a Ucrania y Rusia a proponer ideas e inventos para evitarla, dificultarla. La multiltareralidad y el derecho internacional están muy bien. Acoger al diferente es mandamiento cristiano general, por supuesto. Pero la visión de la diplomacia vaticana pretende desconocer la ubicación geográfica española como puente entre dos continentes y la realidad de un Estado desbordado.
Y lo hace cuando no esboza posibles soluciones a las muertes causadas por las mafias en el Estrecho y el desborde de las capacidades organizativas y económicas del Estado. O las de una Europa llamada a recibir oleadas de una emigración multireligiosa que plantea problemas de convivencia de muy diferente índole. En algún momento, eso sí, me ha parecido escucharle sobre la necesaria organización de Africa y la ayuda indispensable por parte de las potencias y organizaciones internacionales que propicien la permanencia y el desarrollo en sus países sin la necesidad de diáspora. Por ahí ha de ir la inmigración ordenada.
Pero la vieja diplomacia vaticana, la más antigua, la que tiene en España uno de los bastiones de la Cristiandad, un país donde ha salido a la calle un millón quinientas mil personas que le han recibido en Madrid en silencio sin un solo altercado y con miles de voluntarios ejemplares, hace a veces cosas que se comprenden difícilmente.
Como recibir a políticos en apuros o que por conveniencia electoral como Yoli Piruli, Sanchez o Rufián que, declarándose ateos, acuden repetidamente a Roma a por fotos electorales por mediación de una embajadora, nefasta ex ministra de educación de España por culpa de la cual existen en Cataluña los problemas de elección de centro educativo que justamente el Papa viene aquí a reclamar.
Con la visita de León XIV ha llegado la apropiación desesperada de la figura del Papa mientras nadie se da por aludido en sus discursos. Todos quieren aprovechar las masas que mueve en su favor. Y luego todo el mundo quiere que el Papa haga lo que él hace. Y pregunta ese tipo de tonterías: ¿Le gusta caminar? ¿Qué ha comido? ¿de qué equipo es su santidad?¿ juega al mus? ¿Le gustaría anunciar tomate frito?
Cualquier español de bien sabe que el maquiavelismo sanchista es un método inmoral para ejercer el poder político. Es la habilidad de la táctica inmoral incluso frente al Papa. Como aquí no hay ningún Bodino, la diplomacia vaticana y el sanchismo «se utilizan el uno al otro» y los medios comparan y apenas se distingue al Papa de un rapero que indigna a los jilgueros porque , «todos utilizan las mismas armas de comunicación política. : Florentino, el Papa, Sanchez, admitiendo un juego sin reglas y sin garantías, o se antijurídico. Pero si todos es comunicación política y encima viene la inteligencia artificial, cómo se distingue la autenticidad, la honestidad, la independencia, de las que estamos hambrientos y necesitados..
La voluntad e inmoralidad del tirano frente a la norma, su tacticismo ocasional en que el sanchismo consiste aplicada dentro de la moral católica tradicional española y permitido por interés recíproco, eso es lo que hemos visto estos días de Congreso, nunciatura y polaridad que no aclara provocada por quien.
Maquiavelo era católico porque sólo en el catolicismo cabe elevar la inmoralidad a sistema como hace el sanchismo. Pero la inmoralidad elevada a norma de eficiencia rompe la convivencia española y europea. El maquiavelismo corresponde al tiempo donde el engaño era uno de los elementos del riesgo. Pero el burgués es un ser moral, lo pide su seguridad.
Por eso uno de los hechos fundamentales del Renacimiento fue el antimaquiavelismo. Durante casi tres siglos, desde la mitad del siglo XVII hasta el XX no hay ningún europeo que se precie que no se declare antimaquiavélico.
Como no hay hoy en España nadie que no se declare antisanchista salvo los socios de Sanchez y las empresas del Ibex 35 que sacan provecho del régimen e incluso la diplomacia vaticana porque le interesa. Ella dirá que a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, pero eso siempre que el tirano no se extralimite.
Por eso, después de esta plaga sanchista, España está esperando un nuevo Renacimiento. Y entonces, sólo entonces, algunos se apuntarán a ello.
