José Carlos Sacristán: «¿Es cuestión de honor doña Begoña?»

José Carlos Sacristán: "¿Es cuestión de honor doña Begoña?"

¿Se puede considerar a Begoña Gómez “servus fugitivus”?, no por dos causas. Fugitiva no, por el acierto del Juez Peinado en haberle obligado a entregar el pasaporte. Esclava tampoco porque la señora de sierva no tiene nada. Ella, aristócrata plebeya, en la que el oxímoron no tiene efecto, y heredera moral de la red de lupanares que regía su entrañable padre, Sabiniano, se pavonea con los aires megalómanos que le da la cercanía al nuevo César, su esposo, Pedro Sánchez.

Se ha de tener en cuenta que el juez que está investigando a la “Primera Dama” del Reino de España por los “presuntos” delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación de caudales públicos, si en lugar de a ella hubiese sido a cualquier otro ciudadano, al paisano en cuestión se le hubiera retirado el pasaporte en el acto y probablemente estaría en prisión preventiva en espera del juicio.

Pero claro, toda la propaganda del régimen tiene que salir en favor del honor mancillado a la pobre Begoña. El honor, término defendido de forma admirable durante nuestro Siglo de Oro, era un concepto que expresaba el carácter virtuoso de la persona y se entendía como una propiedad heredada vinculado a la nobleza y a la riqueza. Debido al carácter noble del término, la cualidad exigía respeto y sumisión a los estamentos inferiores. Con esto, se entiende perfectamente la pleitesía que le rinden los Mirós y las Santaolallas, que no hacen más que defender lo que su Señor, perdón Señora, les impone. Como ven, el feudalismo sigue vigente tanto o más que en la Edad Media.

Otra cosa es defender la honra, concepto más personal que el honor, que define la opinión que los demás tienen sobre la bondad del individuo y su modo de comportarse en la sociedad. En esta cualidad, que es mucho más personal y sobre todo objetiva, Begoña destaca por su carácter despreciable, grotesco en cuanto a ridículo y miserable en lo moral.

Begoña, ha de tener en cuenta, que en nuestros gloriosos siglos XVI y XVII el hecho de perder el honor o la honra era lo peor que le podía pasar a una persona. Hoy en día si se difama o calumnia a un político de su cuerda, véase socialistas, comunistas, independentistas y demás lúmpenes morales con los que negocian a diario, lo normal es que cambie de tema y se vaya a tomar algo para celebrar la superación del entuerto hasta que se presente el siguiente.

Le aconsejo que lea algún extracto de El Alcalde de Zalamea, de Pedro Calderón de la Barca, para que se de cuenta de la importancia que tenía, y debería seguir teniendo, la cuestión del honor.

Avanzando un poco más, no me cabe más remedio que referirme a la que han liado sus adláteres y conmilitones porque el juez Peinado ha sugerido la posible ayuda que podría tener de sus escoltas para perpetrar una fuga. Vamos a ver, por favor. Eso para el hampa que rodea a su marido es una nimiedad facilonga. Le recuerdo que bajo la supervisión de los cuerpos de seguridad del estado   Puigdemont se fugó, y estando en busca y captura se le permitió entrar en Barcelona y volver a salir, siempre cumpliendo órdenes superiores. De igual forma había agentes en el aeropuerto de Barajas la noche que la sanguinaria Delcy Rodríguez aterrizó ilegalmente en Madrid descargando cuarenta maletas. Hemos visto que la Directora de la Guardia Civil, y algún que otro general, ha estado instando a la UCO para interferir en la investigación del hermano de Sánchez, ese pobre músico incomprendido… La decisión del juez Peinado trasciende el ámbito judicial, simplemente ha hecho lo que el sentido común exige.

Pero si lo que acabo de explicar sigue sin convencer a Gonzalo Miró, Sarah Santaolalla, a los medios afines al gobierno e incluso a algún policía o guardia civil que se ha dado por ofendido, les pido que lean lo que viene a continuación. Como salvedad he de decir, que creo firmemente en nuestra Policía Nacional y Guardia Civil. Me consta que la inmensa mayoría de sus efectivos cumplen con su labor de forma ejemplar, tal y como exigen sus uniformes, pero garbanzos negros hay siempre y, a parte de ser los que más daño hacen, estamos en la obligación de denunciarlos para  que el ejemplo no cunda y se sanee la institución que pretendía ser corrompida.

Solamente en los años de gobierno de Sánchez, sin tener en cuenta los desfalcos del señor Roldán que robó hasta la caja de los huérfanos de la Guardia Civil, y las andanzas del comisario Villarejo, me referiré a algún caso de importancia en el que se ve como existe la corrupción en los Cuerpos de Seguridad del Estado, cosa que no es exclusiva de España, y por eso hay que perseguirla.

En febrero del presente año se conoció que el director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González, dimitió de su cargo por la denuncia de violación a una mujer policía. En agosto de 2025, el ex jefe del grupo de Estupefacientes de la Policía Nacional de Baleares fue detenido por estar involucrado en un caso de blanqueo de capitales procedentes del narcotráfico. En febrero de 2025, dos guardias civiles entraron en prisión por participar en el narcotúnel que conectaba Marruecos con Ceuta. En septiembre de 2024, cinco agentes del grupo antidroga de la Policía Nacional, fueron arrestados en la localidad sevillana de Alcalá de Guadaira en una operación contra el narcotráfico en la ciudad. En diciembre de 2024, el capitán de la Guardia Civil, Jesús Fernández Bolaño fue detenido por participar en funciones a favor del narcotráfico en el puerto de Valencia. En noviembre de 2024, el jefe de la UDEF en Madrid, Óscar Sánchez Gil, que había decidido unirse al narco, ayudó a meter miles de kilos de cocaína en España; se encontraron en su casa más de 20 millones de euros en efectivo. Casos en los que policías o guardias civiles son investigados y procesados por cometer delitos hay muchísimos más, y en particular desde que Pedro Sánchez usurpó el gobierno de España. Luego la recomendación del juez Peinado está más que justificada y no se pondría en duda en ninguna sociedad avanzada, educada y justa.

Por lo tanto, he de decirle a Begoña y a los Begoños que la arropan y defienden de forma desinteresada, que el problema no es una cuestión de honor. Unos párrafos más arriba aludí a El Alcalde de Zalamea como ejemplo paradigmático de lo que es el honor. Se lo voy a explicar porque no creo que se aproxime a esta extraordinaria obra por distancia intelectual insalvable. Pedro Crespo, alcalde de Zalamea, defiende el honor de su hija ultrajada por un noble haciendo éste uso de su aparente superioridad e impunidad (y en esto se encuentra la similitud con personajes como los que sufrimos en la actualidad). En un momento determinado, el alcalde, le dice a un noble: “Al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios”. Menudo ejemplo de integridad el del padre violentado por el noble de turno. Como para que Begoña y su esposo den la hacienda, cuando todo lo que estarán haciendo es lo contrario, además con medios sospechosamente turbios e ilegales. El honor es del alma, dice Pedro Crespo, con lo que señala la importancia y gravedad de lo que está defendiendo, incluso delante del rey, que en su época era nada más que Felipe II. Y por último apela a seguridad de que el alma es sólo de Dios, ¿cómo hacer que se sobrecoja una atea reaccionaria con estas palabras? Imposible.

En el siglo XVII los juicios de honor se dirimían con un duelo, siempre entre caballeros que defendían la pureza y honra de la dama mancillada. ¿Cree usted Begoña que su fiel y enamorado hidalgo se batiría en duelo por esos rubios aladares que la caracterizan?

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