Víctor Entrialgo: «Sálvese el que pueda»

Víctor Entrialgo: "Sálvese el que pueda"

Mientras el barco se hunde los grumetes del canalla siguen aplaudiendo mientras las ratas corren por la cubierta de su sueldo y en el horizonte empiezan a ver icebergs.

Desde el puente el capitán no mira siquiera a la cara porque está escribiendo en su camarote una nueva carta a sus marineros, a los que aún tienen el cuajo de seguir ahí, para pedirles que denuncien a los que no aplaudan hasta echar humo o no chillen suficientemente contra el cerco judicial en ese trastero de Ferraz donde hacen los exorcismos.

El capitán busca el nuevo pucherazo electoral con cocina internacional más allá de las fronteras étnicas con recetas que preparan los que deberán responder en su día como colaboradores necesarios, que han urdido otro pucherazo electoral, que es su especialidad, esta vez con los supuestos nietos de no sé quién, cuando, desde que llegó, nuestro Schettino no tuvo una sola reflexión, un sola medida de planificación demográfica sobre el futuro de este país.

Pero cuando llegan a puerto, los teléfonos de los marineros sanchistas echan humo temiendo que estén pinchaos y se apresuran como locos a borrar sus guasas igual que el fiscal general. Las piernas comienzan a temblarles, los cuñaos comienzan a recomendarles que lo dejen antes de que el barco se vaya a pique o a Soto del Real.

Ya da pereza hasta argumentar por qué. El tirano lo llevaba en la viruela antes del botox y el maquillaje. Bastaba verle caminar y ahora embarcarse en esta huida hacia adelante hasta provocar una insurrección popular y utilizarla como excusa para quedarse. España huele como cuando hay huelga de basura. O cuando huele a podrido en Dinamarca. El agua no deja de entrar en los camarotes pero mientras buscan botes salvavidas para salvarse el que pueda, los marineros de Sanchez, con la hipoteca pagada, piensan cómo explicarán a sus nietos que mientras en Moncloa hacían españoles como muñecos hinchables para tratar de evitar la tragedia, ellos revolvían entre los cubos del sanchismo como ratas poco antes de que la tragedia de tan deseado hundimiento tuviera lugar.

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