Hay una lección de vida, que tristemente todos terminamos por aprender, mediante el dolor, por ´esas´ pérdidas con las que la vida nos va sazonando.
Una lección que se concreta en tan solo una idea, y es que, aquí y ahora, todos somos necesarios, pero ninguno imprescindible.
Personalmente, en los últimos años, me he dedicado a hacer los deberes, para, no solo no ser imprescindible, sino ni tan siquiera necesario, y ello me ha dado la paz que hasta ahora nunca había encontrado.
Paz, desde la tranquilidad que me da saber que, Tan en paz; tan completo; tan acompañado, desde la otra vida, si los míos me necesitan, con permiso de Dios, espero poder seguir ayudándolos, de igual manera como a mí, desde el más allá, otros me ayudaron tanto; y no solo en el pasado, sino aún ahora, cuando, abrazado a la soledad más absoluta, siguen estando incondicionalmente a mi lado, y con su desinteresada compañía, hacen que me sienta tan en paz; tan completo; tan acompañado y amado.

