Porque en casa nadie me espera, ni espero que nadie venga, tan solo pido poder vivir en paz, los días que me quedan, mientras recorro en silencio el trecho que resta entre el duelo y el olvido, el dolor y la indiferencia.
Y también pido, Señor, amor, comprensión y paciencia, con todos aquellos que a mí se acercan y no se quieren ir, porque en su casa tampoco nadie los espera.

