Francisco Gilet Girart: «El Silencio Del “Cordero”»

Francisco Gilet Girart: "El Silencio Del “Cordero”"

Se dice que fueron 100.000 los magrebíes que invadieron España vía Ceuta, contemplados por unos pocos guardias civiles y policías, defensores de la nación y conducidos por la gendarmería real marroquí. Desde la altura, la destacada recua de musulmanes que se encaminaban, alegres y cantando su salmodia habitual, resultaba no sólo llamativa sino también preocupante. Todo era un problema: la invasión magrebí, la fecha elegida y el inicio de las vacaciones del “cordero”. Intentó superar la primera valla, con una referencia a una “intromisión en el territorio español”, sin más, y, mientras su ministril de exteriores proclamaba que “todos los que han entrado serán devueltos”, el “cordero” se subió al que ya considera su Falcón y se encerró con quién había elegido. Ha asomado su estilizada figura al mes de la invasión. El silencio del “cordero” ha sido absoluto y lo levanta, hoy 31 agosto, para atacar al rey, con mentiras, y echar mano de una internacional reaccionaria con Israel y Rusia como promotores de la “crisis migratoria” ejecutada por ciudadanos marroquíes. ¡Inaudito!

Mientras tanto, los españoles ceutíes con más intensidad, y el resto de los compatriotas, nos hemos ido informando de la repugnante situación por la que atraviesa la ciudad autónoma. Repetirlo es inútil, todos los medios nacionales y no nacionales recriminan la absoluta pasividad del “cordero” y su hato de compañía, intuyendo que son incapaces de dar una solución al inmenso problema creado, para lograr que Ceuta retorne a su normalidad, según vivía antes del 30 de julio pasado. Porque de eso se trata, de incompetencia absoluta, antes, durante y después. Nadie explica con veracidad por qué no se evitó la invasión de las miles y miles de personas que se trasladaron a Ceuta recorriendo decenas de kilómetros africanos. Una ministra, solo una, precisamente sin carné socialista, ha defendido que sus servicios informaron, avisaron de la avalancha que se aproximaba. Otra ministra, de inmigraciones precisamente, se agarra a la biblia para justificar la presencia, inaudita presencia, de la Cruz Roja —invisible en Paiporta— con la misión de dar de “comer al hambriento”, aunque olvidando otro punto del Libro, “no mentiras”.

Desde la ignorancia, todo se puede considerar una absoluta falacia. El funerario desfile de tropa ministerial —achicharrados todos— por el Congreso, no ha hecho sino poner de manifiesto, en el mejor de los casos, que se habían aprendido el argumentario recibido, siendo responsable de todo lo acaecido el bulo, las redes, el X, el Facebook, etc. Y, para rematar la faena, que el reino alauita es un espléndido vecino, aparte de un socio fiable. Ningún miembro del ejecutivo fue capaz de expresar ni una sola verdad, ni un solo razonamiento, ni una única explicación que diese cumplida respuesta a la pregunta de cómo es posible que setenta mil u ochenta mil personas hayan penetrado en nuestro territorio sin tomar medida alguna, como no sea dejarlos pasar. Si el “cordero” estuvo estabulado es su bunker— tiene derecho a descansar, dice—, el “Rey de los pobres”, el “Comendador de los creyentes” contempló, presuntamente, complacido la avalancha de sus “creyentes”, de sus “pobres”, que, siguiendo, presuntamente, las instrucciones reales, se encaminaban hacia Ceuta a demostrarle al “cordero” que, en cuanto le diese la gana, serían doscientos mil los creyentes que ocuparían Ceuta, Melilla, y todos los islotes próximos, incluido el Peñón de Alhucemas.

Son ya treinta días durante los cuales los españoles ceutíes están sufriendo la invasión, la ocupación de sus playas, de sus calles, de sus plazas, de sus montes, esperando que el “cordero” adopte la resolución que pueda devolverles la normalidad a sus vidas. Se anuncia envío de dinero, pero esa no es la solución. Se trata de gobernar, de gestionar una respuesta a una acción premeditada, planificada diría, no con la fuerza de la ley solamente, sino con la defensa del Estado, de su territorio. Estado, política de Estado, que es incapaz de pergeñar quien dirige un ejecutivo guiado por ideología y por objetivo personal; la ideología socialista-marxista y el objetivo, mantenerse en el ejecutivo cueste lo que cueste.

En 1898, bajo la presidencia de Práxedes Mateo Sagasta, España se entregó sin apenas resistir. Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam fueron cedidas a Estados Unidos, no como consecuencia inevitable de una derrota militar, sino como resultado de una traición política silenciosa. En la actualidad, podríamos estar viviendo una repetición de tan ignominiosos hechos. Algo extraño se esconde en esas expresiones “socio fiable”, “buen vecino”, “relaciones inmejorables”, dichas al unísono con la calificación de “ciudades ocupadas” expresada por un ministro marroquí en presencia de un “Comendador de los creyentes” que ni tan siquiera pestañea ni acepta los cadáveres de alguno de sus creyentes. La sensación de soledad del ceutí se acompaña del aislamiento del gobierno español. EE.UU., nos desprecia, la U.E. se desliga de la política inmigratoria española, China está lejos, Putin nos agrede, Argelia no nos habla, para Israel somos objetivo, para la OTAN las “ciudades ocupadas” no forman parte, y dejamos sin mencionar Italia, Dinamarca, Hispanoamérica… La soledad es el mayor triunfo del “cordero”, ansioso de ser el líder del mundo woke, inclusivo, anticapitalista, anticristiano, anti-hetero. Nos ha convertido en una “isla de perejil” en medio del océano internacional.

El trasfondo de todo cuanto estamos viviendo lo venimos arrastrando desde el mismo instante de la moción de censura. Pensar, por un instante, cómo estaría España si el gobierno no fuese socialista, da pavor. Los enriquecidos sindicatos, las huestes socialistas, comunistas, populistas, independentistas, los cultos de la ceja están callados como muertos, empero los millones de parados, la inflación por las nubes, la deuda pública contabilizada en billones, las decenas de diligencias penales contra familiares, ministros, militantes, y como colofón una invasión territorial, presuntamente, planificada, Sin embargo, el “cordero” ha ordenado silencio y la respuesta se debe a “quién paga, manda”.  Incluso, para no errar, el “cordero” vomita un comunicado desde el partido prohibiendo a sus militantes cualquier clase de apoyo a Ceuta y sus habitantes, así podrá alegar a Mohamed VI que las protestas son cosa de la ultraderecha.

Y el colofón de todo ello lo hallamos en un silencio impuesto de forma abrumadora. El “cordero”, adorador del “rey de los pobres”, ansía que todo cuanto huela a política pase por sus manos, el Estado es él, autoproclama, de ahí que no soporte ser segundo en lugar alguno. Y muchísimo menos después del repliegue de Paiporta. Mientras el ciudadano soporta que la política no sea de Estado, sino de ideología partidista, con muro incluido, el “cordero” no pisa la calle, de ahí que, solo imaginar la respuesta del pueblo ceutí a una imprescindible presencia del Rey le produzca arcadas de bilis.

Resulta inaudito que el “cordero”, empero la gran problemática y la caótica situación que están sufriendo los ceutíes, sus empresas, sus comercios, sus alumnos, su vida, en fin, desde el 31 de julio hasta hoy, 31 de agosto, no sólo no haya abierto su boca, sino que ni un solo tuit de apoyo, ni una sola llamada de soporte, nada, silencio total. Su valentía es inexistente y su bellaquería floreciente. Y, en lugar de aunar esfuerzos, unificar fuerzas, eliminar enfrentamientos, creando sensación de Estado, todo lo contrario, el muro, el rechazo, la indiferencia sigue implantada en un contexto político en donde gobierno, oposición, agentes sociales, patronal, sindicatos luchan entre ellos para conservar su espacio de poder. España en descrédito absoluto y ellos, de rositas.

Con este “cordero” no resulta extraño que el real “pastor”, que no acepta sus ovejas muertas, tampoco admita a las vivas que campean por prados “ocupados”, regaladas con móviles y bolsas de comida con una cruz, no una media luna. Curioso espectáculo.

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