Vivian Collazo Montano, doctora en Medicina

Mujeres al Nobel

En lengua hispana, sólo una representante del sexo femenino ha logrado el reconocimiento, la chilena Gabriela Mistral, en 1945

Las científicas estadounidenses Elizabeth H. Blackburn y Carol W Greider, junto a su coterráneo Jack W. Szostak, recibieron el Premio Nobel de Medicina 2009.

Los tres biólogos fueron condecorados por sus trabajos sobre los telómeros -extremos de los cromosomas- y la enzima que los forma, la telomerasa, investigaciones que explican un problema principal en la biología: cómo se copian los cromosomas en las divisiones celulares y se protegen contra la degradación.

«Los descubrimientos de Blackburn, Greider y Szostak agregan una nueva dimensión a nuestra comprensión de las células, aclaran los mecanismos de la enfermedad y estimulan el desarrollo de nuevas terapias posibles», afirma un comunicado del comité Nobel.

Elizabeth H. Blackburn

Blackburn (nacida en 1948 en Tasmania, Australia) es profesora de Bioquímica de la Universidad de California, Estados Unidos. Fue ganadora en 2006 del Premio Albert Lasker de Investigación Médica Básica.

Al conocer la noticia, declaró que se alegró mucho cuando descubrieron esa enzima. Me di cuenta de que era algo muy interesante, un resultado muy importante, una sensación que no se tiene a menudo, dijo.

Carol W. Greider

Por su parte, Carol W. Greider (California, 1961), quien labora en la Escuela de Medicina de la Universidad de Johns Hopkins y ha trabajado de manera muy estrecha con Blackburn, manifestó que el premio reconocía la curiosidad que impulsa a algunas de las investigaciones científicas más trascendentales.

«Cuando empezamos este trabajo no teníamos idea de que la telomerasa estaría involucrada en el cáncer, sino que simplemente teníamos curiosidad sobre cómo los cromosomas se mantenían intactos», dijo en una entrevista a la radio.

«Nuestro enfoque muestra que mientras haces una investigación que intenta responder una pregunta específica sobre una enfermedad, también puedes seguir tu olfato», agregó Greider, quien se dedicaba a tareas domésticas cuando supo la obtención del galardón.

Ada E. Yonath, Nobel de Química

Otra fémina, Ada E. Yonath, ciudadana israelí, recibió el Nobel de Química compartido con los estadounidenses Venkatraman Ramakrishnan y Thomas A. Steitz.

De conjunto, los tres investigadores determinaron cómo los ribosomas traducen el código del ADN en vida, por lo que serían «la fábrica de proteínas de la célula».

«La pionera en este tema fue Ada Yonath. Ella desarrolló una serie de artimañas técnicas para descubrir a los ribosomas», aseveró Mans Ehrenberg, miembro del comité Nobel.

Yonath se doctoró en cristalografía de rayos X en 1968 por el Instituto Weizmann de Ciencia, donde ejerce en la actualidad y dirige el Centro Helen & Milton Kimmelman de Estructuras Biológicas y Biomoleculares.

Ha sido docente en la Universidad de Tel Aviv, en la Ben Gurion de Negev y en la Open University de Israel y, entre 1986 y 2004, dirigió el grupo investigador de Biología Molecular en el Max Plank Institut de Hamburg

Con 70 años de edad, ella es la cuarta mujer que recibe el Nobel de Química. La primera fue Marie Curie en 1911.

La escritora alemana de origen rumano, Herta Muller, recibió el máximo reconocimiento que hay en el mundo de las letras. Novelista, poetisa y ensayista, se convirtió en la cuarta mujer en ser galardonada este año con un Nobel y la duodécima en obtenerlo en Literatura.

En lengua hispana, sólo una representante del sexo femenino ha logrado el reconocimiento, la chilena Gabriela Mistral, en 1945.

El premio Nobel se ha entregado desde 1901 puntualmente cada 10 de diciembre, fecha de conmemoración de la muerte de su creador, Alfred Nobel.

Sin embargo, entre los 789 galardonados, solo 35 son mujeres, y el de Economía nunca ha sido logrado por ellas.

Aún cuando en la actualidad, en los países desarrollados hay más féminas universitarias que hombres, cuando se pasa al siguiente nivel, el de doctorado e investigación, la balanza cambia bruscamente de peso.

Las propias mujeres aseguran que ello se debe a dos razones fundamentales.

  1. Motivos biológicos: una carrera científica al más alto nivel es muy difícil de conciliar con el deseo de ser madre. Y muchas investigadoras se ven ante esa disyuntiva.
  2. Luego también hay un factor social: de manera muy sutil se transmite a las niñas que las matemáticas y el laboratorio son cosas para varones; que ellas están más capacitadas para el arte y la humanística.

Hay quienes afirman que el hecho de ser mujer, las hace sentir siempre examinadas; hay que estar demostrando constantemente cosas.

Pero el panorama pudiera cambiar. En un mundo pensado, diseñado y construido por hombres, los números reflejan que cada vez más mujeres se «aventuran» en las ciencias y otras aristas del saber en las que ellos se sienten únicos, sin que en su decisión pese el «sacrificio» de la vida sentimental.

Ellas tienen valor, capacidad y virtud para hacerlo. (Prensa Latina)

 

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