Todo vale con tal de 'crear' una noticia

Fuentes que huelen a podrido

Fuentes que huelen a podrido
Andrés Aberasturi.

Ahora se da el mismo crédito a un camarero de hotel que se quiere ganar unos euros que a un senador pendiente de juicio por presunto chorizo

Afirma rotunda el/la periodista a un famosa/a en cualquier programa del corazón: «tú estuviste pasando la noche del 13 de junio en un hotel de Madrid con tal persona»

El famoso lo niega rotundamente y el/la periodista refuerza su argumento: «mis fuentes me aseguran que sí y son absolutamente fiables».

¡Joder con las «fuentes»!

Eso que llamábamos «fuentes» –y cuyo principal exponente fue tal vez la famosa «garganta profunda» del caso Watergate– eran testimonios absolutamente serios y contrastados mil veces antes de darles créditos por una vía doble: lo primero era la solvencia de la «fuente», pero una vez admitida esa solvencia, lo que comunicaba esa fuente era comprobado una y otra vez.

Ahora se da el mismo crédito a un camarero de hotel que se quiere ganar unos euros que a un senador pendiente de juicio por presunto chorizo.

Todo vale con tal de «crear» una noticia porque, con resguardarse bajo el paraguas protector de la «fuente» y del sagrado derecho a la información, no importa nada poner en la picota a quien sea, cuestionar el honor del que nos apetezca o utilizar a uno que pasaba por alli para ganar batallas en las que ese uno no está metido; da igual: a los que actúan así les importa poco dejar cadáveres en el camino.

Comprendo que a la profesión periodística este tema le pone de los nervios, pero con los años –y con la propia experiencia de haber sufrido yo mismo este tipo de injurias en mas de una ocasión– uno entiende varias cosas: que no todo vale, que las noticias deberían ser y no crearse y -sobre todo- que las «fuentes» nunca son inocentes y no acuden a los medios por amor a la verdad sino más bien impulsados por la venganza, atormentados por las obsesiones o temerosos de sus propios actos.

Lo malo -todo es malo- es que estas «fuentes» llamémoslas frívolas, han traspasado ya el ámbito del chismorreo de famosos para entrar de lleno en la política. Y aunque tan serio es cuestionar la dignidad de un famoso como la de un político, la trascendencia del segundo va más allá de lo personal para convertirse en un material de agitación partidista.

El problema es serio; la indefensión del perjudicado por una «fuente» es absoluta porque lo revelado por la misma, se plantea como una verdad y da igual que la victima lo niegue; en el mejor de los casos esa negación se recoge al final y la percepción del lector -inducida por la redacción misma de la noticia- es la típica: «qué va a decir… que no es verdad» pero desde el titular hasta el ultimo párrafo, lo que se trasmite es que la verdad es lo revelado por la «fuente» y hasta la negación de los hechos no hace sino reforzar el argumento, muchas veces espurio, del interesado en filtrar lo que sea: la peligrosísima medio verdad o la mentira, la exageración o la venganza.

Igual que Bertolt Brecht se mosqueaba cada vez que oía hablar de grandeza, yo me echo a temblar cuando se cita una «fuente» en la cacharrería de la información política. Hay cosas con las que no se puede especular y, como en las investigaciones policiales, tendríamos que preguntarnos a quién beneficia la filtración y por qué se nos ofrece tan generosamente.

El asunto es serio y no sé hasta qué punto somos conscientes del daño individual que se puede hacer dejando manar, sin más, unas fuentes que huelen, de lejos, a podrido. (OTR)

 

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