Margarita Rivière, periodista y escritora, analiza el futuro del periodismo

«Este artículo no está escrito por una máquina. La advertencia pronto será imprescindible»

Con la aparición del robot-periodista, las personas y el humanismo sobran

"Este artículo no está escrito por una máquina. La advertencia pronto será imprescindible"
Margarita Rivière.

Ni los periodistas ni los escritores de denostada generación sesentaiochista imaginamos que tendríamos que competir con robots, como si el humanismo y la información fueran un campo de patatas

¿A alguien le extraña que un robot suplante a un supuesto trabajador intelectual o que unos homínidos sustituyan a los presentadores de carne y hueso?

¿No hay ya periodistas y presentadores que parecen dóciles máquinas de absoluta disponibilidad?

¿Y no es real la perspectiva de un robot-escritor de best sellers o, por qué no, de poesía?

¿Para qué van a hacer falta escritores, periodistas o gente que, simplemente, piense, si eso ya resulta mucho más fácil gracias a una máquina capaz de procesar en segundos millones de datos?

Son preguntas que se hace la escritora Margarita Rivière en La generación privilegiada, a raíz de la reciente noticia en la que un programa de inteligencia llamado Status Monkey, nacido de la creativa mente de dos profesores de la Universidad Northwest (Illinois), había escrito la crónica del partido entre los Minnesota Twins y los Texas Rangers, firmada por The Machine (La Máquina).

LA ERA DE LOS ROBOTS-PERIODISTAS

«Añadamos que una máquina no reclama ni copyright ni derecho alguno de propiedad intelectual», reflexiona Rivière.

«Con el robot-periodista inventado, queridos amigos, ya puede esperarse cualquier cosa y parece muy claro que las personas, el humanismo y la humanidad entera, sobran. Cuando no queda lugar sobre la tierra a lo más propio de los seres humanos, la capacidad de pensar, de relacionar cosas y atar cabos sobre la realidad -esa anomía sin sentido es lo que vemos todos los días en todos los terrenos- no cabe hablar de crisis sino de revolución, de vuelco.

Ni los periodistas ni los escritores de denostada generación sesentaiochista imaginamos que tendríamos que competir con robots, como si el humanismo y la información fueran un campo de patatas.»

 

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