Un periodista de fervorín, especializado en el muy rentable arte de servir a su señor

Enric Sopena o la sumisión rentable

Es, sencillamente, un sicario

Sopena parece no superar que fue alguien y ya no es nadie; que dirigió los Servicios Informativos de TVE y hoy, a sus 66 años, funge de híbrido entre reventador y sicario en el programa de Telecinco La noria, donde más que opiniones lanza anatemas

«Joaquín Leguina, quién te ha visto y quién te ve. Inocencio Arias, otro que tal baila. Juan Velarde, del Cara al sol a la derechona popular. Fernando G. Cortázar, historiador como Luis Suárez o César Vidal. Ramón Tamames, quién te ha visto y quién te ve. Luis María Ansón, la derecha de la derecha. Mikel Buesa, el oportunista y la bandera. Stanley Payne, otro de los de quién te ha visto y quién te ve. Amando de Miguel, otro más de los de quién te ha visto y quién te ve. Pedro Schwartz, más liberal que Reagan vivo. Hermann Tertsch, sin comentarios. Sánchez Dragó, sin comentarios. Ricardo de la Cierva, de la caverna a la caverna. Miguel Bernad, sindicalista sin sindicato y las manos ¿limpias? Roberto Centeno, cuidado. Pedro Ruiz, preocupado por la ética, qué cosas. Paco Camino, a los toros. Javier Gómez de Liaño, el juez juzgado y condenado. Marcos García Montes, menudo jurista. José Cortés, sin comentarios”.

¿Quién es el que con tan poca explicación y ligero verbo ningunea a algunos de los 70 personajes de la sociedad civil a los que La Gaceta pidió el miércoles 22 junio 2011 su opinión sobre la continuidad de Zapatero?

La clave está en la repetición machacona del “quién te ha visto y quién te ve”, un caso de libro de lo que los psiquiatras llaman “proyección”: achacar a los demás nuestro rasgo más característico.

A Sopena se le podría retratar así, como un converso a la izquierda con todo el ardiente celo que se les atribuye a estos personajes, un periodista de fervorín, especializado en el muy rentable arte de servir a su señor, ya se trate de un periódico franquista, del Opus Dei y su santo fundador o, en el otoño de su carrera, al más nefasto gobernante que vieran los siglos en España desde Fernando VII, José Luis Rodríguez Zapatero.

Esa sería una forma de contarlo. Otra, una melancólica reflexión sobre el auge y caída de un profesional de la pluma-daga.

Sopena parece no superar que fue alguien y ya no es nadie; que dirigió los Servicios Informativos de TVE y hoy, a sus 66 años, funge de híbrido entre reventador y sicario en el programa de Telecinco La noria, donde más que opiniones lanza anatemas.

Por último, las dos narrat ivas pueden unirse en una que explica al personaje: es, sencillamente, un sicario. Sordo para la ironía –aunque abuse de su gemelo torpe, el sarcasmo–, dirige un panfleto online al que ha tenido la humorada de llamar El Plural. En él el lector buscará en vano información y sólo encontrará, en un caótico tótum revolútum que avanza al ritmo de sus fobias, ladridos digitales contra todo lo que se mueva en desagrado de su amo.

No hay que decir que Intereconomía es blanco inagotable de sus desvelos, detalle que agradeceríamos en lo que vale si El Plural llegara a tener lectores.

En demasiadas ocasiones, la despreocupación por los hechos –elementos completamente prescindibles en sus diatribas– llega a extremos risibles, como cuando atribuyó a Riego la composición del himno que lleva su nombre y, en el mismo texto, habló de “los acordes del himno franquista” para referirse a la Marcha Real (“El Giro de Italia premia a Contador bajo los acordes del himno franquista”).

La tragedia de este tipo de personajes es que recogen lo que siembran y que para enterrarlos en críticas no hace falta leer a sus enemigos: basta esperar que agoten a sus cercanos colaboradores las contorsiones que los cambiantes caprichos del poder les obliga a ejecutar.

El último es Carlos Carnicero, de los pocos periodistas de cierto relumbrón que quedaban en la escuadra de Sopena. Carnicero llevaba ya tiempo en la lista negra de nuestro hitman por no ajustarse a las vueltas y revueltas de la lealtad sopeniana, ninguneado antes que despedido.

Y ha escrito una despedida donde se despacha a gusto:

“En conversaciones privadas me llegó a reconocer la diferencia entre lo que opina y lo que publica. La coartada era no favorecer al PP, como si los periodistas fuéramos responsables de los aciertos o los errores de los políticos. Su naturaleza es la subordinación a quien le da de comer. No importa el papelazo que hace en La noria. Le pagan bien. Y él no tiene pudor en convertir su periódico en altavoz del programa”.

Lo dicho, Enric: ¡Quién te ha visto y quién te ve!

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