ANÁLISIS

Pedro Duque: Juez y parte de una gran mentira

El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades se negó a pedir el informe de incompatibilidades cuando Duque tomó posesión

Pedro Duque: Juez y parte de una gran mentira
Pedro Duque e Isabel Celaá. EP

Pedro Duque es juez y parte de una gran mentira. La Oficina de Conflictos de Intereses debería haber actuado de manera más diligente a la hora de escrutar a los ministros del Partido Socialista (Pedro Duque vulneró la ley compatibilizando su cargo de ministro con la gestión de una empresa científica).

Más, si cabe, si los propios ministerios no lo solicitaban. Ahí está el caso de Màxim Huerta o Isabel Celaá, amén del de Duque. No obstante, el astronauta tendría que haber consultado qué pasaba con la sociedad instrumental que tenía para eludir el pago de impuestos (El ministro Duque ha dejado de pagar a Hacienda 82.000 € en IRPF desde que creó su sociedad patrimonial).

Así, al menos, habría actuado alguien con verdadera vocación de servidor público y no un advenedizo de la política que sólo prestó su nombre para adquirir honores de ministro.

Con el paso de los meses, el brillo inicial del Ejecutivo se ha demostrado pura cosmética política.

El equipo gubernamental de Pedro Sánchez es una colección de mala praxis en sí mismo, empezando por el propio presidente y su Tesisgate. No obstante, si nos centramos en los ministros, la decepción más grande es, con casi toda seguridad, la de Pedro Duque.

Antes de llegar a la política, su prestigio era tan sólido como su currículo: misión espacial en el transbordador Discovery, viaje a la Estación Espacial Internacional a bordo de la nave Soyuz TMA y, después, un prestigioso periplo como docente e investigador.

Sin embargo, y embarcado en el Gobierno más débil desde la Transición hasta nuestros días, bajar del espacio a la tierra ha supuesto decepción tras decepción hasta llegar a completar un escándalo supino.

Primero fue su sociedad instrumental para pagar menos impuestos por sus mansiones de Jávea y Madrid. Después, mantener durante tres meses una sociedad profesional especializada en actividad científica que, por supuesto, era incompatible por completo con su cargo ministerial.

Sociedad que, para más inri, está traspasada a su socio de toda la vida, con las lógicas suspicacias al respecto. Y, finalmente, falsear el documento oficial donde debía declarar todos sus bienes. Una bola de nieve que cada vez se ha hecho más grande y que sólo se parará cuando presente su dimisión.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído