Manuel Morillo Miranda: «¿Es malo el deporte para la salud?»

Manuel Morillo Miranda: "¿Es malo el deporte para la salud?"

Desde luego no es normal lo que está sucediendo en el considerado como deporte rey, el fútbol. No hablo de dinero, de intereses, de entresijos políticos, etc. Todo esto no debería importar nada ante lo que aquí me ocupa y me preocupa: la salud de los deportistas. Dejando atrás el forofismo, el fanatismo, el ser «supporter», el considerarse aficionado… creo que es triste ver la larga lista de futbolistas; o bien jugadores de club, llamados «one club man» o bien grandes figuras, que han tenido que dejar su gran pasión y trabajo por algún tipo de problema coronario, eso los más afortunados que han podido seguir con su vida e incluso han vuelto al deporte en su nivel más alto.

Otros no tuvieron tanta suerte y se dejaron literalmente la piel, y la vida, en la cancha. Aún me estremezco al recordar las imágenes del camerunés Marc-Vivien Foé tendido en el terreno de juego, con los ojos salidos de sus órbitas, en los estertores del fin de su vida, o de Miklos Feher jugando en el Benfica, arrodillado en la hierba y cayendo fulminado. Si hablamos de los casos que más nos han conmovido por ser españoles, siempre tendremos en la retina a Antonio Puerta y a Daniel Jarque, el segundo falleció en un hotel en una concentración; el primero en el Sánchez Pizjuán, defendiendo los colores del Sevilla FC. El segundo, capitán del RCD Espanyol; el primero estaba llamado a ser jugador de relumbrón. Sé que me dejo a muchos, pero la lista es muy extensa.

Por establecer un paralelismo, no en la forma pero sí en el fondo, esta situación ya se dio hace un tiempo en Estados Unidos en una gran cantidad de jugadores de fútbol americano que murieron de forma extraña después de haberse retirado de sus correspondientes equipos, pero todos con un denominador común: habían sufrido multitud de golpes en la cabeza a lo largo de su vida, se comportaban de modo extraño y tenían lesiones cerebrales de las que fueron conscientes tarde. A principios del siglo XXI, el patólogo forense nigeriano-americano, Bennet Omalu, se dio cuenta al hacer la autopsia a Marc Webster, ex-jugador de los Pittsburgh Steelers, del problema, y llegó a poner en jaque a la misma NFL al afirmar que la práctica del fútbol americano entrañaba riesgos para la salud de los deportistas.

Al principio no le hicieron caso y lo trataron como un don nadie por no ser ciudadano americano de pleno derecho, pero después de demostrar que esas lesiones cerebrales, parecidas a las de los boxeadores, provocaban ECT (encefalopatía traumática crónica), lo vieron como un peligro para sus intereses; aunque las franquicias perfeccionaron bastante las medidas de seguridad en los anclajes de los cascos y demás protecciones,  acabaron cediendo y reconocieron que el fútbol americano era peligroso, sobre todo cuando se descubrió que había más de 200 jugadores afectados por la ECT, incluso en activo. Fue la primera vez en la que un gran emporio deportivo vio las orejas al lobo y tuvo que rectificar en pos de la salud de sus propios trabajadores.

No creo que este caso sea parecido al del «soccer», pero la lista de futbolistas afectados en mayor o menor medida por problemas de corazón en los últimos dos decenios es preocupante (según FIFA en los últimos 5 años han fallecido 84 deportistas en el desempeño de su labor o bien entrenando). La cuestión radica en si se hacen bastantes y exhaustivos controles sanitarios a los deportistas, parece ser que sí pero algo se les está escapando a los médicos si cada vez hay más jugadores que están aparentemente sanos y que esconden enfermedades congénitas indetectables. Los casos más recientes de jugadores a los que han diagnosticado problemas de corazón son los de Christian Erikssen (benditos desfribiladores) y Sergio «Kun» Agüero, pero la lista es alarmante.

Uno de los equipos que ha sido más  «diezmado» en los últimos tiempos por este problema ha sido el Real Madrid: Antonio Cassano, Aitor Karanka, Rubén de la Red, Daniel Carvajal o el mismo Iker Casillas (ya en su etapa portuguesa) han sufrido problemas coronarios de algún tipo, y de hecho excepto Carvajal los demás hubieron de dejar la práctica del fútbol. Los estamentos futbolísticos españoles, europeos y mundiales deberían tomar nota de lo sucedido en la NFL, porque una posible razón de esa lacra es el calendario tan cargado de partidos, de viajes infumables, de amistosos prescindibles. No puede ser que un deportista se tenga que recorrer a veces 30.000 km en avión en una semana para jugar dos partidos allende los mares, eso causa un gran cansancio y bastantes lesiones a la postre.

Al fin y al cabo los jugadores son trabajadores de los clubs y no de las selecciones, a quienes son prestados bien sanos y que los devuelven destrozados. Normal que muchos jugadores renuncien a ir a una pesadilla por mucho que estén ilusionados con ponerse la elástica que defiende los colores de su patria.  Posiblemente a partir de ahora se abra una puerta a un calendario único que no ponga en riesgo la salud de los futbolistas, que sea beneficioso para todos los agentes en liza y que sirva de escarmiento a los diversos estamentos futbolísticos. Tal vez se den cuenta de que la denostada «Superliga» es más que necesaria, aunque con algún que otro retoque en su esqueleto. Es esto o los casos de jugadores con problemas de corazón, entre otras lesiones, pueden ir a más.

Para finalizar, es obvio que estos jugadores son ídolos para muchas personas, reflejos incluso de personalidad, y que este problema no atañe solo al fútbol, sino a otros deportes como el atletismo, el ciclismo, etc; Si en el deporte de élite los casos de problemas coronarios son ingentes, ni que decir tiene lo que sucede en el deporte amateur o por hobby. El deporte, hacer deporte, es muy sano; lo que no es sano es no comprender tu cuerpo y obviar que no puedes pasar directamente de ser jugador de fútbol a ser corredor de maratón (no somos Luis Enrique). Las personas se empeñan en hacer sufrir a su cuerpo y a la larga eso se paga, no es lo mismo hacer pesas con 18 años que con 50; aunque pensemos que vamos a rendir igual el tiempo pasa y avisa con renuencia. Así que «mens sana in corpore sano».

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