El extraño debate

MADRID, 29 (OTR/PRESS)

El líder del PP y jefe del principal partido de la oposición, Mariano Rajoy, con más soflamas que argumentos, más centrado en lo mal que lo hace el Gobierno socialista que en lo bien que podría hacerlo un gobierno del PP presidido por él mismo, perdió este martes la ocasión de pasar por encima del casi ex presidente. Pero el ya casi presidente prefirió recrearse, por enésima vez, en la morbosa descripción de los males de un país atenazado por la crisis con casi cinco millones de parados.

El aún presidente salió bien librado contra todo pronóstico. Aunque se suponía que su escasa credibilidad y el anuncio de su retirada política le dejarían a merced del líder del PP, que barre en todas las encuestas y acaba de que teñir de azul prácticamente todo el mapa territorial del país, Zapatero descolocó a su adversario con una esgrima que en algunos momentos hizo pensar en un cambio de papeles.

Como si fuese Rajoy el que se proyectaba hacia el pasado, con su permanente y airada enmienda a la totalidad de lo hecho por este Gobierno, mientras Zapatero parecía proyectarse hacia el futuro después de haber renunciado públicamente a encabezar las listas de su partido en las próximas elecciones generales. Esa fue, a mi juicio, la tónica del debate sobre el estado de la Nación del martes, con una mañana muy aburrida y una tarde reanimada por el cuerpo a cuerpo del casi ex presidente con el casi presidente, que llevó el morbo a las tribunas y levantó del asiento a sus señorías.

¿Con qué argumentos?, ¿Con qué contenidos? En ese sentido, ninguna sorpresa. Fue la enésima reposición de la reyerta permanente en una época que toca a su fin. Los mismos argumentos, las mismas armas, los mismos recursos dialécticos, las mismas reservas mentales, el mismo discurso. Por ambos lados. Zapatero, en positivo, como es lógico en quien retiene mal que bien la responsabilidad de gobernar. Rajoy, en negativo, con más soflamas que propuestas concretas.

Lo consabido: enésima petición de elecciones anticipadas por parte de Rajoy porque cada día más de «agonía», según él, significa también «más deuda, más paro, más desconfianza». Y enésima reprobación de Zapatero a la incapacidad del PP para arrimar el hombro en los planes anticrisis. El casi ex presidente acusó al casi presidente de ser como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer, que ni apoya ni propone. Y la eterna excusa de Rajoy: «No nos puede pedir que, como oposición, nos sumemos a sus errores».

En fin, el Rajoy caracterizado por Zapatero como el dirigente incapaz de arrimar el hombro en la lucha contra la crisis. Y el Zapatero caracterizado por Rajoy como el gobernante incapaz de irse a su casa después de haber dejado a España en la ruina. Qué pereza, ¿verdad?

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