3,8 millones de parados más que hace cinco años, cuando el ex presidente Zapatero hablaba del pleno empleo y llamaba antipatriotas a quienes advertían del inicio de la crisis
La Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del año muestra la faceta más dramática de la situación de emergencia en la que se encuentra España.
Más de 5,6 millones de personas que buscan empleo y no lo encuentran; 3,8 millones de parados más que hace cinco años, cuando el ex presidente Zapatero hablaba del pleno empleo y llamaba antipatriotas a quienes advertían del inicio de la crisis; 1,8 millones de hogares con todos sus miembros activos en paro; más de 3 millones de empleos destruidos en un lustro que deja el número de ocupados -17,4 millones- en los niveles de 2003, y una escalofriante tasa de paro juvenil que ya supera el 52%.
Los datos configuran un panorama desolador, con una generación de españoles perdida y otra que vivirá en un país mucho más pobre que el de sus padres.
Por desgracia, esta es la miserable y dolosa herencia del Gobierno socialista de Zapatero: una España en paro que ya está sintiendo los efectos desgarradores de la pobreza a la que nos ha conducido la torpeza socialista en la gestión de la crisis económica.
Como detalla ‘La Gaceta’, la pobreza crece y se enquista de manera preocupante. Hace escasas fechas, un informe de Cáritas Española alertaba de que la exclusión social gana terreno en España: casi un 22% de hogares vive por debajo del umbral de la pobreza y otro 25, 5% -la cuarta parte de la población- está en situación de riesgo.
De todos ellos, un tercio tiene dificultades serias para llegar a fin de mes, y la situación económica y el aumento constante de la desigualdad ha llevado a 30.000 personas, según cálculos de la ONG de la Iglesia católica, a vivir en la calle.
Es el resultado de las políticas sociales del PSOE, que nos ha llevado a unas tasas de pobreza similares a las de Grecia y Estonia y ahora se echa a la calle por los recortes.
Un panorama frustrante que ha activado de nuevo el fenómeno de la emigración que protagonizaron nuestros abuelos en las décadas de la posguerra. Cada vez son más los españoles que emprenden el éxodo en busca de oportunidades en Europa y en América.
Mayoritariamente son jóvenes, generalmente bien preparados, que han perdido la esperanza de poder encontrar un trabajo digno para poder prosperar en su país. Una riada cada vez más caudalosa y una lamentable fuga de talento que, por desgracia, se va a intensificar porque las perspectivas, lejos de mejorar, empeoran.
Las previsiones económicas apuntan a una caída de la economía del 1,7% para este año y del 0,2% para 2013, que presagian una mayor sangría del paro, que podría elevar el número de desempleados por encima de los 6 millones a finales de año.
Y, como a perro flaco, todo son pulgas, la inflación repunta en abril hasta el 2% como consecuencia de las subidas de la electricidad y el tabaco.
Una mala noticia para la ya de por sí paupérrima competitividad de los productos españoles y para la exportación, uno de los pocos renglones que, junto con el turismo, todavía mantenía el tipo.
Para acabar de hundir en el desánimo a los desempleados españoles, el Gobierno confirmó ayer que el cuadro de previsiones enviado a la Comisión Europea estima que, a pesar de la reforma laboral, la tasa de paro será del 22,3% de la población activa en 2015, mayor que el dato con el que se cerró el año 2011. Y en el horizonte, nuevas subidas de los impuestos indirectos.
Un panorama desgarrador que el Gobierno tiene que afrontar con cirugía de hierro.

