El economista y Catedrático de Estructura Económica en la Universidad Ramón Llull de Barcelona

Niño Becerra: «Unos inútiles provocaron que el desastre se convirtiera en hecatombe»

"Unos ingresos que eran atípicos: durarían lo que el 'boom' durara, pero que los administrativos consideraron como permanentes"

Niño Becerra: "Unos inútiles provocaron que el desastre se convirtiera en hecatombe"
Niño Becerra. PD

El catedrático de la Ramon Llull, Santiago Niño Becerra, señala a los culpables de que la crisis económica en la que estamos inmersos, «inevitable por ser sistémica«, no haya sido, sin embargo, «menos bestia de lo que es».

«Ciertos inútiles contribuyeron a que el desastre se convirtiera en hecatombe».

Asegura el economista que una «cadena de despropósitos llevada a término, fundamentalmente, entre el 2002 y el 2007» contribuyó a agravar una crisis a la que estábamos abocados.

El modelo de crecimiento al que se entregó el país con el beneplácito de las autoridades es para Niño Becerra lo que ha maximizado los efectos de una crisis inevitable.

«Si una serie de organismos e individuos a los que llegó dinero derivado de este despropósito le hubiesen dado otro tratamiento, se habría crecido muy poco menos, pero ahora la deuda sería bastante menor y dispondríamos de unas reservas que ahora no tenemos» .

Asegura Niño Becerra desde su columna de L’Economic:

«Esto no dependía de alguna decisión tomada desde una torre de Manhattan. Lo sucedido ha sido pura inutilidad».

Niño Becerra carga contra quienes creyeron -e hicieron creer- que unos ingresos en las arcas públicas inusualmente altos, y a todas luces temporales, se tomaran por perpetuos y se gastaran sin medida.

«Se creció a fuerza de deuda, de permitir que múltiples personas físicas y jurídicas se endeudaran por una cantidad mucho mayor de la lógica sobre la base de la capacidad de endeudamiento determinada por su renta. Eso encendió un proceso de generación de PIB y de ocupación que a su vez propició que se disparara la recaudación fiscal: mucho dinero en manos del Estado, de las regiones y de los ayuntamientos».

Niño Becerra afirma que cantidades antes nunca vistas «y ni tan solo imaginadas» entraron a las arcas de las haciendas españolas.

«Unos ingresos que eran atípicos: durarían lo que el ‘boom’ durara, pero que los administrativos consideraron como permanentes y que en innumerables ocasiones se dedicaron a gastar en despropósitos que dieron lugar a niveles de endeudamiento absolutamente imposibles de atender en el caso de que ese atípico flujo dinerario bajara su ritmo».

 

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