ANÁLISIS

Ahora es el tiempo de las memeces de Iglesias y las imposturas de Sánchez, pero viene la UE con la rebaja

Ahora es el tiempo de las memeces de Iglesias y las imposturas de Sánchez, pero viene la UE con la rebaja
El comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici. EFE

La inconcreción de resultados en el encuentro de La Moncloa es coherente con la impostura de la situación política de Sánchez, que solo cuenta con 84 diputados y fue aupado por «socios» que quieren exprimirlo por intereses particulares (Herrera se teme lo peor tras la reunión entre los «sectarios» Sánchez e Iglesias: «Con estos dos siempre sube el pan»).

LA falta de resultados en el encuentro entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, más allá de un difuso «acuerdo global» sobre los Presupuestos de 2019, demostró que la reunión importante de este 6 de septiembre de 2018 fue la que mantuvieron Pierre Moscovici, comisario europeo de Asuntos Económicos, y Nadia Calviño, ministra de Economía.

El cruce de agendas, muy mal calculado por La Moncloa, fue letal para el fin político de la reunión de La Moncloa. Mientras Sánchez e Iglesias bosquejaban un escenario económico imposible, Moscovici pedía un proyecto de presupuestos para octubre, dejaba claro que en España hay que reducir el «déficit estructural» y sentenciaba que «el 3% de déficit es el techo, no el objetivo».

Y Calviño remataba: los presupuestos «incluirán ajustes estructurales».

Así, la cita en La Moncloa se quedó sin margen de maniobra ni crédito político.

Y así lo demostró la rueda de prensa de Iglesias, quien se limitó a describir un monólogo de demandas al presidente del Gobierno glosando un batiburrillo de asuntos tópicos de este frente de izquierdas (la medalla de Billy el Niño, el reconocimiento del Estado de Palestina, la obsesión por los impuestos, fijar por ley el precio del alquiler en algunas ciudades).

Lo más relevante fue, por paradójico que parezca, el acuerdo, muy liberal, en bajar impuestos a los autónomos.

Si lo que pretendían los dos líderes de la izquierda era mostrar su capacidad para desarrollar un proyecto conjunto de gobierno y de colaboración en el Parlamento, más bien consiguieron trasladar un mensaje de impotencia.

Para el Ejecutivo es imposible asumir las exigencias económicas y fiscales de Podemos, porque no solo no pasarían el corte de Bruselas, sino porque condenarían a España a una nueva crisis, que por ahora solo está avisando, pero puede volver a materializarse.

La inconcreción de resultados en el encuentro de La Moncloa es coherente con la impostura de la situación política de Sánchez, que solo cuenta con 84 diputados para impulsar proyectos propios y rodeado de «socios» que quieren exprimirlo por intereses particulares, desde Podemos a los separatistas catalanes o los nacionalistas vascos.

Entre el voluntarismo del tándem Sánchez-Iglesias y el realismo de Moscovici y Calviño, no hay duda posible. España no está para pagar los dispendios públicos de la izquierda. Lo hizo en 2004, cuando la hucha estaba llena, y en 2010 Bruselas obligó a Zapatero a los mayores recortes sociales de la historia de nuestro país.

Ahora ni siquiera la hucha está llena, pero la izquierda desprecia la realidad y ahora solo atiende a razones electoralistas y a ese intento de que el ideario comunista y sus recetas -fracasadas en todo el mundo- se cuelen, por primera vez, en las cuentas del Estado.

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