ANÁLISIS

Gobierno Sánchez: otra pifia, nuevo despropósito y sonrojante rectificación

El departamento que dirige Margarita Robles ya había devuelto el pago efectuado por los saudíes

Gobierno Sánchez: otra pifia, nuevo despropósito y sonrojante rectificación
Pedro Sánchez con Margarita Robles (PSOE). EP

No hay por donde agarrarlos. Pero no porque se escurran, sino por el asco que dan.

Si lamentable fue la gestión de la defensa de Llarena, no le va a la zaga el impresentable zigzagueo del Gobierno socialista en la venta de material militar con Arabia Saudí. Otro bochornoso «ahora no, ahora sí» que dibuja un gabinete sin brújula

La paralización de la venta de material militar a Arabia Saudí (400 bombas de precisión) acordada por el Gobierno de Pedro Sánchez ha hecho que ahora penda de un hilo el contrato de la construcción en España de cinco corbetas para ese país, firmado el pasado julio tras tres años de negociación y cuyo montante económico ronda los 2.000 millones de euros.

Tal es así que el Ejecutivo se replantea ahora volver a autorizar la venta de esas bombas para salvar un proyecto que garantiza trabajo para los astilleros de Navantia en la bahía de Cádiz, la ría de Ferrol y Cartagena y su industria auxiliar. El programa debería arrancar este otoño y el último barco debería entregarse en 2022.

El impacto en los tres núcleos es enorme y generaría anualmente 6.000 empleos directos e indirectos. De ellos, más de 1.100 serían empleados directos, más de 1.800 empleados de la industria auxiliar y más de 3.000 indirectos.

Esto es lo que estaba en juego en el terreno económico y social, ni más ni menos. Y esto es lo que ahora está en cuestión después de la precipitada decisión del Ministerio de Defensa de anular la venta de las 400 bombas, aunque la transacción era competencia del Ministerio de Industria.

De hecho, el departamento que dirige Margarita Robles ya había devuelto el pago efectuado por los saudíes. Así que hace dos días «no» era «no».

De nuevo, el Gobierno de Sánchez se encuentra atrapado por la demagogia doctrinal a la que parece amarrado, ya que su debilidad en el Congreso (84 de 350 diputados) le impide llevar adelante un programa serio y firme para España.

Otra vez, por tanto, el Ejecutivo socialista se enreda en supuestos «gestos» de corte buenista y deja muy atrás los intereses de los españoles, en este caso los miles de familias que, de truncarse el contrato, ven amenazado su futuro inmediato en Cádiz, Ferrol y Cartagena.

Abrir una guerra comercial con Arabia Saudí, con el argumento de que se trata de un país en guerra contra Yemen, es una torpeza mayúscula, chorreante de demagogia pues tan material militar son las bombas láser que no se quieren vender como esos buques.

Ambos tienen las mismas posibilidades de ser usados para los objetivos castrenses del Reino saudí.

Esta presunta ética a tiempo parcial define perfectamente al antes llamado «Gobierno bonito», motejado ya como el «Gobierno mutante» habida cuenta de las casi incontables rectificaciones acumuladas en apenas tres meses.

Tan poca credibilidad tiene el gabinete que parece entregado a desautorizarse a sí mismo. Si impresentable fue la gestión del asunto de la defensa del juez Llarena, lo del contrato saudí no le va a la zaga.

En pleno recital de pasos atrás, el no abrir una guerra comercial es una sensata decisión de un Gobierno que solo acierta cuando rectifica.

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