Basta de "omertà" a la catalana

Garzón tira de la manta

Basta ya de ex presidentes que enseñan la puntita y luego la esconden

En este país hemos vivido con pinzas en la nariz, convencidos de que la patria bien valía un maloliente pantano

El azar, que tiene una mala uva considerable, ha hecho coincidir las palabras de Jordi Pujol en TV3 con la detención de dos de sus colaboradores históricamente más emblemáticos.

Por supuesto, todo está por ver, todo es presunto y todo parece haber ocurrido después de su paso por la Generalitat, pero no deja de ser llamativo que Prenafeta y Macià Alavedra sean detenidos el día después de que Pujol pidiera silencio, bajo amenaza de «tirar de la manta».

¿De qué manta hablaba Jordi Pujol? Por supuesto, él se estaba refiriendo al caso Palau, y no creo que tuviera en mente ninguna presunta vinculación de sus viejos colaboradores con mafias rusas, ayuntamientos socialistas y obras públicas.

Pero algo flotaba en el aire, y no olía bien: Pujol parecía insinuar que sabía «cosas», que estas «cosas» no eran lícitas o legales, y que solo las diría si le tocaban demasiado las cosquillas.

Es decir, para justificar los incómodos vasos comunicantes entre el Palau y la Fundació Trias Fargas, el honorable president amenazaba con destapar otros putrefactos cadáveres, en los armarios vecinos.

Algo parecido insinuó el presidente de la Trias, antes de que le taparan raudamente la boca. Pero la boca de Pujol habla desde más alto y aún no ha nacido quien le ponga bozal.

Y así, alegremente, se plantó en el Àgora de TV3 y espetó su bonita amenaza. Y todos contentos, que en el pa amb tomàquet catalán nunca corre la sangre.

¿Nunca? Parece que este contundente adverbio empieza a perder su sentido gracias a los dos casos que están abriendo en canal las entrañas catalanas.

Primero el escándalo Millet y ahora el añadido del escándalo de Santa Coloma de Gramanet, con concejales socialistas y notables convergentes de la misma manita. Esa manta que enseñó la patita con el 3% de Maragall, pero que volvió al silencio sepulcral, empieza a mostrar algunas de sus vergüenzas.

Pero no la hemos tirado desde Cataluña, cuyo silencio cómplice compromete a toda nuestra sociedad, sino desde las altas instancias penales españolas.

Es decir, en temas de corrupción, suerte que no somos independientes… Lo cual me retorna a Pujol y, con él, al global político: ¿qué significa que podrían tirar de la manta unos y otros?

Pues tírenla de una vez, desnuden sus vergüenzas y limpien las cloacas de nuestra venerable sociedad. Basta ya de ex presidentes que enseñan la puntita para poderla esconder mejor.

Basta ya de hablar del problema de la financiación de los partidos: ¡arréglenlo! Basta, en definitiva, de omertà a la catalana.

En este país no hemos vivido en un sorprendente oasis de honestidad, alejados de la corrupción mesetaria. En este país hemos vivido con pinzas en la nariz, convencidos de que la patria bien valía un maloliente pantano.

Hasta que, ¡oh!, llegaron de Madrid y empezaron a tirar de la manta. ¿Esto ha acabado? Ojalá esto acabe de empezar.

PILAR RAHOLA

 

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