Violaciones a los derechos humanos en Uruguay

José Mugica: el oscuro pasado de un tupamaro a punto de ser presidente

En un plebiscito, el país decidió que la ley de amnistía siga vigente

Ya no está en esas faenas, pero tampoco están en las suyas los militares en cuyas casas ponía Mujica bombas

El que es malo de pequeño, suele serlo de mayor. Hay excepciones. Gente que de repente ve la luz, concluye que iba por una senda equivocada y cambia de camino.
Y parece humano dar al converso una oportunidad. Hasta ahí, todo bien, pero llama la atención el caprichoso criterio con que se aplica la generosidad.

El domingo se celebraron elecciones en Uruguay y los ciudadanos, a la vez que votaban por el candidato que desean como presidente los próximos cuatro años, se pronunciaron a favor o en contra de la ley que declara caducadas las causas contra militares acusados de violaciones a los Derechos Humanos. En concreto, las cometidas durante la dictadura, entre 1973 y 1985.

Perdieron por poco los partidarios de investigar, juzgar y encarcelar a los uniformados que protagonizaron una eficaz, eficiente, efectiva y brutal represión sobre los movimientos de izquierda hace treinta años y se han alzado voces, dentro de Uruguay y fuera, censurando que se ratifique esa ley de amnistía.

Tienen su lógica las protestas. Quien la hace la debe pagar y el derecho de las víctimas a obtener justicia no puede quedar diluido con el paso de los años. Dicho esto, llama la atención que ni uno solo de los que critican el resultado del plebiscito, subraye que en esas mismas elecciones el candidato más votado haya sido Pepe Mujica (Frente Amplio).

Mujica, cuyas posibilidades de hacerse con la presidencia el 29 de noviembre, en segunda vuelta, son muy altas, tiene 75 años y aspecto paternal, pero hace treinta se dedicaba con ahínco a secuestrar y asesinar, como líder de los tupamaros.

Ya no está en esas faenas, pero tampoco están en las suyas los militares en cuyas casas ponía Mujica bombas. Tampoco los empresarios, que enterró en vida en «cárceles del pueblo». O los civiles inocentes que acribilló a balazos cuando asaltaba bancos. A cada uno lo suyo.

Alfonso Rojo

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