Ha convocado al comité ejecutivo nacional el 3-N

Rajoy pierde la paciencia con ‘Gürtel’ y Caja Madrid: «Santo Job sólo hay uno»

Su fórmula: "Un líder, no varios; un partido, no varios"

Con el revólver humeante en la mano, Rajoy mira con recelo a los pistoleros de más enjundia que revolotean en torno al conflicto de Madrid y su Caja

En el clásico cine del Oeste abundaba el personaje del manso cabreado. Un tipo tímido y apacible -el papel lo bordaban Alan Ladd y Jimmy Stewart-, un apocado granjero o un retraído petimetre del Este al que chuleaban los pistoleros con recochineo y petulancia hasta que le hervía el radiador, se le mudaba la expresión timorata y desenfundaba un Colt con cara de muy mala leche.

En las sesiones dobles de los domingos, los niños de mi pueblo -recuerda Ignacio Camacho en ABC-  aplaudían cuando al «muchacho», como llamaban al protagonista, le entraba aquel arrebato entre iracundo y justiciero que dejaba el poblado limpio de forajidos antes de volverse a sus quehaceres lamentando haberse tenido que poner serio. La moraleja venía a ser que no hay peor cólera que la de los pacíficos y que toda paciencia tiene un límite.

El cadáver político de Ricardo Costa, tendido en el saloon en medio de una inesperada humareda, ha permitido ver en el perfil de Rajoy la sombra insólita de ese killer pesaroso. Tanto tiempo y tanta gente hablando de su falta de autoridad y pasándole las manos por la cara le han debido de provocar esa rabia furibunda que brota en los caracteres introvertidos del agotamiento de la calma.

Costa desde luego no daba el tipo del forajido torvo de currículum siniestro y helada sonrisa amenazante; más bien parecía el jovenzuelo vehemente y bravucón pagado en demasía de sí mismo, mal aconsejado y poseído de un exceso de confianza. El retrato robot de la primera víctima de un tiroteo. En su ardiente energía retadora había un grave error de cálculo de fuerzas; no tiene ni media bofetada y llevaba pintada en la frente la palabra escarmiento.

La bala que lo ha tumbado es en realidad un disparo de advertencia. Con el revólver humeante en la mano, Rajoy mira con recelo a los pistoleros de más enjundia que revolotean en torno al conflicto de Madrid y su Caja. El ritual de estas escenas está tan visto en el cine que hasta los niños -de antes- jugaban a repetirlo con sus pistolitas de calamina y sus cartucheras de plástico: yo que tú no lo haría y tal y tal, tienes hasta que salga el sol para largarte, forastero. O forastera.

El hombre tranquilo, el contemporizador sheriff de autoridad desafiada amenaza con tomarle gusto al gatillo y empezar a contar muescas en la culata. Quizá se haya dado cuenta de que iban a por él en serio y de que estaba en juego su propia supervivencia. Tiene más de John Carradine que de Gary Cooper, de patriarca cachazudo que de héroe carismático, pero una situación límite puede cambiar el temperamento y la conducta de cualquier ser humano.

De repente la inicial comedia de enredo se ha transformado en un duelo en O.K. Corral. Un duelo entre verdaderos enemigos, porque en política los adversarios suelen estar casi siempre al otro lado de la frontera.

RAJOY CONVOCA AL COMITÉ EJECUTIVO

Mariano Rajoy reconoció anoche que el PP tiene dos problemas, «la corrupción del caso Gürtel» y las discrepancias en el seno del partido en Madrid, y que para resolver este segundo «problema» ha convocado el comité ejecutivo nacional el 3 de noviembre, porque «santo Job solo hay uno en la historia». Rajoy hizo estas declaraciones durante su intervención de ayer en la junta directiva del PP de Murcia.

Con respecto al caso Gürtel, Rajoy manifestó que no acepta la corrupción «de ninguna de las maneras» y que le «parece una porquería», tras lo que se mostró convencido de que si un militante «del PP ha hecho lo que no debe, no puede pertenecer al PP».

En referencia a las discrepancias en el seno del PP en Madrid, tras las declaraciones del vicealcalde, Manuel Cobo, sobre la presidenta de la Comunidad, indicó que en el comité nacional dirá «que hay cosas que son inaceptables» y «sé perfectamente lo que piensan hoy los militantes del PP, los cargos electos, y el martes que viene tendrán respuesta a lo que están pensando».

El presidente popular manifestó: «Voy a hablar del respeto debido a la militancia del partido que trabaja todos los días sin otro interés que sus ideas salgan adelante. Voy a hablar del interés general y de lealtad».

CAJA MADRID

Sobre las luchas de poder en Madrid también opinó ayer el presidente de honor del PP, José María Aznar, que afirmó que «para ejercer el liderazgo no puede haber más de un líder». Su fórmula -dijo- era la siguiente: «Un líder, no varios; un partido, no varios; un proyecto, no varios». Y añadió que «la conjunción de estas tres cosas a mí me dio resultado».

La batalla entre Gallardón y Aguirre ha saltado de los límites del cuadrilátero madrileño. El primero en alzar la voz fue Juan Vicente Herrera, quien en una conversación con periodistas manifestó su hartazgo con la situación y las repercusiones sobre el partido y sus militantes.

El líder castellano y leonés afirmó sentirse «cansado» ya de la situación y reconoció que la lucha Aguirre-Gallardón, que se está «prolongando demasiado», le «duele» y le está haciendo caer en el «desánimo». Un paso más allá dio el portavoz de la Junta, quien no dudó en asegurar que «no cuenten» con el presidente ni con su gobierno en 2011 si no se soluciona el problema del PP de Madrid.

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