Algunos modifican su posición al olor de la sardina electoral

El bochorno nuclear

El nivel de hipocresía política que estamos viendo es grotesco

El caso más llamativo ha sido, sin duda, el de María Dolores de Cospedal cuya bicefalia la ha situado en una especie de esquizofrenia política de difícil solución

Las comunidades autónomas no quieren nadie que les tosa y los partidos políticos menos. Esa no es ninguna novedad, pero cada vez que surge una polémica la cosa es más evidente. Si hace unos días era el tema de la inmigración ilegal y los padrones- donde todos dijeron lo mismo y lo contrario en cuestión de horas y sin despeinarse- ahora es el debate sobre los famosos cementerios nucleares el que hace que algunos modifiquen su posición al olor de la sardina electoral. De entrada, el Gobierno y los ministros responsables, tanto el de Industria como la de Medio Ambiente, han dicho, e intentado llevar a cabo por la vía de los hechos, que este asunto debe decidirse entre el gobierno central y los ayuntamientos.

Tal mensaje no ha sido asumido en absoluto por dos de los presidentes socialistas : Montilla y Barreda que han dicho nones a la pretensión de dos ayuntamientos de sus comunidades autónomas de instalar los polémicos cementerios. Por otro lado, el PP y CIU, defensores de la Energía Nuclear como forma de abaratar costes, sabiendo el desgaste que esto les puede suponer en términos electorales amenazan ahora con expedientar a sus alcaldes si instalan almacenes de residuos en sus pueblos.

El caso más llamativo ha sido, sin duda, el de María Dolores de Cospedal cuya bicefalia entre la secretaria general del PP y su candidatura a la presidencia de Castilla la Mancha la ha situado en una especie de esquizofrenia política de difícil solución. Por mucho que la número dos de los populares se empeñe; por mucho que amenace a quien se atreva a llevarla la contraria; por mucho que diga que los castellano-manchegos no pueden tolerar ni una instalación más en su territorio porque ya han sido suficientemente solidarios- y eso es cierto- no tiene nada que hacer y su credibilidad en este asunto ha quedado por los suelos. Si los militantes del PP toman el programa electoral como su catecismo político, como el contrato de obligado cumplimento que suscriben con sus electores cada cuatro años no hay pecado en la actitud del alcalde de Yebra.

El se ha limitado a aplicar el programa electoral con el que el PP ganó las elecciones y por ello la cúpula de ese mismo partido quiere echarle a los leones ¡ que gran paradoja!. El problema de María Dolores de Cospedal es que al tener su alma dividida en dos en un asunto como este, no puede poner una vela a Dios y otra al Diablo y ha preferido contentar a su tierra y no jugarse ni un solo voto que defender el interés general de su partido.

Una cosa similar le ha sucedido a CiU que también ha amenazado al alcalde de Ascó con sancionarle por defender lo que el mismo Artur Mas sostiene: que la energía nuclear de Francia es idéntica a la de España solo que comprarla al país vecino nos cuesta un riñón. El nivel de hipocresía política que estamos viendo en este tema es solo comparable a lo grotesco que resulta oír a los distintos partidos dar explicaciones vanas o a sus dirigentes prendiendo hacernos tragar a todos con ruedas de molino y cerrar los ojos ante sus contradicciones. La demagogia populista es mala consejera y en este tema la hay a raudales.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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