Lo único que ofrece el Gobierno es resignación y gasto

“Al ladrón, al ladrón”

ZP busca culpables externos y prefiere hacerse la víctima

El principal partido de la oposición, a veces metiendo tanto la pata como la mano, se ve sorprendido con una ventaja en votos de cerca de seis puntos

El título exige una corrección, obvia, porque nunca hubo tal milagro. Pero quien estuvo abusando del triunfalismo hasta el hartazgo y cayendo por ello en el ridículo no debe molestarse porque con cierta exageración se defina así su triunfal paseo por el poder. El líder cósmico, que nunca ha tenido el menor reparo en despilfarrar adjetivaciones y atribuirse méritos, ahora no va a ahorrar verborrea en tratar de aparecer como el político más responsable y, por ello, capaz de ponerse al frente de la manifestación para, precisamente él, darnos impúdico ejemplo en materia de austeridad y rigor. Es algo así como el caco que, sorprendido sustrayendo algún artículo en los grandes almacenes, aprovechando la confusión, sale vocinglero diciendo aquello de: “Al ladrón, al ladrón”.

 En un año hemos pasado de pedir ser numerarios en el grupo del G-20, de insinuar que deberíamos sentarnos en algún mullido sillón del Consejo de Seguridad y de pronosticar que superaríamos a Italia y Francia en productividad, renta per cápita, crecimiento, prestigio y legitimidad para que se nos colocase por derecho propio entre las naciones y economías superlíderes, a integrarnos en el pelotón de los torpes. España, y no lo dice sólo algún aislado gurú, es un problema para ella, para Europa y para los inversores, y por educación no añaden que el problema se llama Zapatero, su cuadrilla y su política, o mejor dicho falta de política, tanto sea en materia internacional, económica, de libertades y desarrollo democrático, como de cohesión nacional. Ha tenido que llegar el turno de presidir la Unión Europea, para que uno a uno, cada ministro, con el presidente del Gobierno a la cabeza, salgan escaldados de cada comparecencia en aquellas instancias en las que se vuelve a poner de manifiesto la indigencia del equipo.

Ahora resulta que estas críticas, nada novedosas, reiteradas, pero que quedaban lejos en tiempo y espacio, recibidas en pleno rostro, e inocultables son una conspiración -¿la judeo-masónico-marxista?- y la respuesta del presidente, de su Gobierno, de su partido, de sus socios y de sus beneficiados es, otra vez, el engaño. Hasta llegar a afirmar que España como nación seria y responsable, aunque ahora no haga nada positivo ni eficaz, por arte de birlibirloque, en 2013 habrá reducido el déficit, recobrará productividad y creará empleo. Mezclada la petición de confianza con el aviso de que, mientras, en este 2010, a lo peor llegamos al 21% de paro, algo así como cinco millones y al 13% de déficit.

Se sabe que es imposible recuperarse con esta política, destinada a la cosmetización del tancredismo, pero así vamos tirando hasta las próximas elecciones. Porque ahí está el problema: el señor Zapatero no ha gobernado ni un solo día, no ha tenido tiempo, su instalación en la campaña electoral permanente no se lo ha permitido. Cada vez que ha movido algún peón ha sido para añadir que el PP es el enemigo, y que contra él se ha de establecer toda crítica y a la imposibilidad de que haya alternativa ha de ir dirigida toda la estrategia, aunque se pudran los problemas y se vea en el horizonte el caos, no sólo económico, político y social, que es algo más que tener contentos a los burócratas sindicales.

 El principal partido de la oposición, numéricamente considerado, a veces metiendo tanto la pata como la mano, se ve sorprendido con una ventaja en votos de cerca de seis puntos, sencilla y simplemente por el inercial desgaste del equipo de inútiles a los que debía haber desenmascarado en su ineficacia y se ha dedicado a llamarles ¿radicales? (Será de boquilla). España es hoy un problema para propios y extraños, que exige soluciones muy duras, que pasan por que el PSOE salga del embobamiento o el encantamiento del charlatán y recupere el mínimo de seriedad que exige la sociedad de un partido, no de una camarilla de desaprensivos.

 

NOTA.- Este artículo fue originalmente publicado en La Gaceta.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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