Opinión

El scalextric de ZP

Habrá que ver qué da de sí este nuevo invento zapaterino investigando el asunto mediante el análisis energético completo

Tras la mohatra de las energías renovables la moda gubernamental de la temporada primavera verano en telas invisibles parece ser ahora el coche eléctrico.

Dentro de su quijotesca y particular cruzada contra los molinos sostenibles de la economía insostenible, o quizás al revés, Zapatero ha presentado su proyecto para el desarrollo de este singular y diabólico artefacto con una partida de 590 millones de euros en dos años y un objetivo de matriculación de 70.000 unidades, lo que supone según la cuenta de la vieja, que cada trasto eléctrico le cueste directamente al ya saqueado contribuyente español nada más y nada menos que 8.428 euros.

En la presentación de la buena nueva, además de la Salgado, la Garmendía y su daimon, Sebastián, acompañando a Zapatero estuvo la flor y nata de los dirigentes de la industria energética y campeones nacionales asociados, creada buena parte de ella con los despojos del antiguo sector público español sabiamente desamortizado “a la española”, ya que era tan malvado e ineficiente que mantenía el precio de la gasolina por debajo de las cien pesetas litro, incluso en momentos de graves crisis internacionales.

Muy risueños y alabancioso complacientes, allí acudieron casi todos, oliendo la nueva tajada que se les ofrece, como diría Botín, el famoso sponsor de Garzón, “Tú eres el gran presidente que necesitábamos. ¿Para qué necesitas un ministro de Economía?”

En un país como España tradicionalmente gobernado por abogados y financieros a veces resulta difícil explicar algunas nociones de la economía natural de la energía o termodinámica, propias de ingenieros y científicos, que, sin embargo, se encuentran implícitas en la viabilidad o no de decisiones políticas o empresariales porque el llamado sistema económico no puede considerarse como autónomo ni del entorno institucional ni del de la naturaleza.

Pese a lo que crean juristas, políticos o teólogos, las leyes sociales sólo son viables de modo estable si se encuentran en consonancia con las leyes de la Naturaleza y la eficiencia o idoneidad de los convertidores energéticos en los que se basa la actividad económica y social. Ninguna sociedad avanzada puede funcionar sin degradar grandes cantidades de energía, fundamentalmente fósil o no renovable. Incluso algo tan básico como es la producción de alimentos en los países industrializados descansa en el empleo intensivo de energía fósil en sus ecosistemas agrarios, y ya no solo en la fotosíntesis no asistida como ha ocurrído durante la mayor parte de la historia de la humanidad.

Para intentar aclararnos en las cuestiones más intrincadas de la energía disponemos de un instrumento esencial: la ciencia de la termodinámica. Con dos leyes fundamentales: la primera, la de conservación de la energía, la puede entender cualquiera, incluido el actual primer ministro de Su Majestad. La segunda es algo más complicada pues tiene que ver con conceptos más abstractos tales como Orden, Probabilidad, Trabajo útil o la irreversibilidad del tiempo.

Después hay que seguir con la cuestión de las fuentes de la energía, su adaptación mayor o menor a los fines a las que se destinan y los usos de dichas energías en los sistemas de producción, transporte y consumo.

Todo ello cuestiones que evidentemente rebasan las posibilidades de un artículo periodístico, pero aquí cabe comentar brevemente algunas.

La electricidad no es una energía primaria salvo la Hidroelectricidad, la solar, la eólica, y con cierto abuso conceptual, porque no deja de ser una térmica de carácter especial, la nuclear. Es decir, que salvo en los casos anteriores para generar electricidad es preciso emplear en térmicas más o menos evolucionadas fuentes de energía primaria como carbón, petróleo o gas natural.

Desde el punto de vista medioambiental la generación eléctrica produce contaminación por lo que no cabe hablar de “coche limpio”. Puede ser menos contaminante en un lugar pero el coste medioambiental queda donde se produce o transporta y no se disfruta la electricidad.

Los rendimientos de generación de electricidad en las térmicas clásicas son aproximadamente de un tercio de la energía empleada. En las modernas de ciclo combinado el rendimiento conjunto térmico eléctrico puede subir hasta los dos tercios.

A esto hay que añadir los costes energéticos del transporte y distribución de la energía eléctrica y ahora también el de los sistemas de recarga de baterías y el rendimiento final del motor eléctrico.

El sistema eléctrico funciona de modo integrado. Las térmicas funcionan de base. Las hidroeléctricas para satisfacer horas llanas o punta. Se ha intentado en anteriores ocasiones paliar ese desequilibrio entre generación y demanda. Así, por ejemplo, desde la producción con bombeos en ciertas centrales hidroeléctricas durante las horas valle, o desde la demanda con la introducción de tarifas nocturnas que a la postre resultaron un engaño para el consumidor al que luego se dejó “colgado”. Zapatero promete ahora una tarifa “supervalle” para recargar los nuevos vehículos y crea la nueva figura del gestor de cargas. Veremos.

Por lo que se refiere a los productos refinados del petróleo empleados directamente en los motores de combustión, los rendimientos de obtención son más altos porque los costes energéticos en refinería son más pequeños y la logística primaria mediante oleoductos desarrollada por el antiguo Monopolio de Petróleos es muy eficiente, una de las mejores de Europa. Y los de los motores de combustión se miden por los ciclos teóricos de Otto para las gasolinas o Diesel para los de gasóleo. 

Aparte de esta cuestión  de los costes energéticos variables habrá que considerar el coste energético de todos los inputs que intervienen en el proceso de fabricación de los convertidores. Sin olvidar los análisis de ciclo de vida, con VAN energéticos.

Todo ello hablando en términos de energía, porque la cuestión del dinero que ha de pagar el consumidor final es otra, relacionada con los costes y rendimientos energéticos, pero también con los del sistema económico, financiero y fiscal, modelos de mercados incluidos. Y aquí es donde se puede crear otro floreciente y subvencionado patio de Monipodio a añadir a los ya inventados por la picaresca hispana. 

En conclusión, habrá que ver qué da de sí este nuevo invento zapaterino investigando el asunto mediante el análisis energético completo. Pero del que sólo sabemos de cierto su alto coste fiscal para los españolitos. Cabe pensar que se produzca además otro nivel de despilfarro imaginativo y creativo en las escalas autonómica y municipal.

Pero el ciudadano ya escaldado debe ponerse sobre aviso de otra posible mohatra.

 Al final es posible que el asunto quede, al igual que otras ocurrencias “sostenibles” made in ZP, como un artefacto curioso a aparcar a doble fila y fardar de novedad mientras se toma el aperitivo.

alfonsodelavega.com

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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