Opinión

De conversos, de cuentistas y de cuentos

De conversos, de cuentistas y de cuentos
José Bono y el juez Baltasar Garzón.

Visto lo visto, los principales próceres del pertinaz socialismo hispano buscan hacerse o redondear su fortunita. Si no aprecio por sus votantes o por sí mismos, porque tales comportamientos parecen ser síntomas de grandes desequilibrios emocionales y carencias morales, sin duda no les falta el que tienen por su abultada cartera.

Si “el espíritu ha muerto” como insinúa Mutis no ha lugar para el pensamiento, ni menos para la meditación, o la voluntad de hacer realidad ciertos valores humanos. Sólo queda el buscar rebaños más o menos embrutecidos que mandar y la hierofanía de la pasta. Con factura o sin IVA.

Lo que aquí nos pasa se entiende poco fuera de la sufrida España, porque en verdad resulta ininteligible que los complacientes votantes socialistas resulten tan inasequibles al desaliento como para votarles una y otra vez, sin más razón, vistos los reiterados resultados de ruina y devastación obtenidos, que el ser de los “suyos”.

¿Los suyos? 

Puede haber taras de reminiscencias históricas tales como el amor por la hacienda ajena, la prepotencia, la propensión al fraude y la picaresca, la inanidad moral e intelectual.

La habilidad para el engaño o la mohatra. La pereza oriental, o el renovado síndrome del cristiano viejo adaptado a los nuevos tiempos en los que los que más presumen son los más sospechosos de franquista judaizantes o hijos de franquista judaizante. Convertidos, como otrora, en feroces y tartufos inquisidores de los demás. Y con los mismos o semejantes fines: el saqueo del sus haciendas y la conservación de un poder absoluto y sin cortapisas que sólo ha de responder ante “Obama” y la “historieta”, contada por la Sexta.

Pues, por ejemplo, ¿qué tiene que ver un señorito hípico como Bono con su votante modal, los agraviados, reales o supuestos, por los antiguos señoritos, de los que el citado Bono resulta ser un aventajado ejemplo?

No se sabe. Acaso se pueda aventurar que los próceres socialistas actuales se benefician de una caricatura de cierta visión cristiana mixtificada, según la cual el Salvador (Zapatero, Bono, el PSOE…) ha de redimir a los pobres de la Tierra…famélica legión.

 Dejad que se acerquen a mí para que los pueda ver desde mi ático, y reírme en silencio de su estulticia y de su ignorancia, en algunos casos culposa.

  Para prosperar en este valle socialista de sinecuras y lágrimas hay que tener fe. Mucha fe no ya en el propio valer y actuar que la carne es flaca, sino en los próceres de la buena nueva socialista, auque falten las obras. Obras que tampoco son de este mundo del ladrillo salvo ciertas fortunas de origen incierto.  

Los antiguos franciscanos querían una Iglesia pobre. Los dominicos, por el contrario, decían que pobre ya había sido Jesús y que con eso bastaba, que la iglesia debía ser rica.

Que siendo rica tendrían más poder y paradójico prestigio social. Que era preferible un buen sermón, siquiera engañoso, al testimonio cotidiano de entrega, solidaridad y pobreza.

Ya no queda ningún “franciscano” conocido en el actual socialismo, si es que alguna vez los hubo. Abundan, en cambio, las amistades más o menos íntimas o escandalosas con publicanos, prestamistas usureros, fariseos simoniacos, puteros, invertidos, Anases, Caifases y arrebatacapas. Y un florido pero hipócrita y falaz discurso pergeñado en barrocos sermones desde los púlpitos electrónicos o de la prensa vespertina independiente de la mañana.

En un conocido cuento del Decamerón, el de “El judío converso”, cierto rabino marchó a Roma y luego volvió a Jerusalén convertido al Cristianismo.  Se maravillaban de tan insólita novedad sus antiguos amigos y correligionarios. ¿Qué te ha sucedido? ¿Tropezó tu caballo en el camino? ¿Ha sido el santo ejemplo del Papa y la Curia los que te han movido el alma, amigo Mosé, hasta tu conversión?

No por cierto. Es mi reflexión sobre un hecho asaz prodigioso. Si toda o casi toda la jerarquía del Cristianismo romano roba, engaña, mata o fornica sin trabas, disimulos ni escrúpulos y, sin embargo, la gente aún  sigue creyendo en ellos, ¿acaso no hay algo sobrenatural en la Institución?

La buena nueva del socialismo ibérico sostiene que no se ha de ser impío sino creyente.

A falta de obras sin duda en España hay mucha fe para creer los “motivos para creer” electoralmente anunciados por Zapatero.

El votante modal del otro gran partido español quizás dotado de algún mayor espíritu crítico, aunque no mucho, también está dispuesto a tener fe en lo que no se ve ni probablemente nunca se verá.  Que la lánguida y agnóstica oposición que dormita plácidamente mientras parece confiar únicamente en el desencanto o apostasía de los antiguos fieles del pertinaz socialismo, pueda realizar algo útil para sacarnos de este marasmo antes que el desastre devenga insostenible.

Tendré que preguntar a nuestro buen rabino jerosolimitano qué me aconseja para que pueda conservar las razones para creer en nuestra Monarquía parlamentaria.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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