Zapatero ataca la doctrina de Merkel

El presidente Rodríguez Zapatero sostiene que la presidencia rotatoria de España en la UE ha sido útil y satisfactoria y cree que durante este semestre que está a punto de finalizar hizo frente a una doble necesidad: avanzar en las respuestas comunes en el ámbito financiero y de la gobernanza económica, y articular con rapidez el funcionamiento de las nuevas instituciones del Tratado de Lisboa.

La realidad política y, sobre todo, económica quizá no sea tan optimista como su retórica, especialmente para él, ya que las presidencias semestrales rotatorias están ahora relegadas a un segundo plano, para mayor gloria del discreto Herman van Rompuy. En definitiva, que no hubo la constelación anunciada por Leire Pajín, por muy atentos que estuvimos todos al supuesto acontecimiento histórico que, según la secretaria de Organización del PSOE, iba a producirse en nuestro planeta con la coincidencia de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EE.UU. y la de Zapatero en la UE. Por no haber ni hubo cumbre transatlántica y en la Cumbre del G-20 de Toronto, los drásticos planes de ajuste impuestos por Merkel en la Unión Europea chocaron con el objetivo de afianzar la recuperación económica que abandera Obama en EE UU.

Lejos de los fantásticos pronósticos de Pajín y también de las ideas ¿Socialdemócratas? de Obama, el presidente español no tuvo más remedio que defender en Toronto los ajustes presupuestarios para contener el déficit y la reciente reforma del mercado de trabajo. Incluso dio por hecha la próxima reforma del sistema de pensiones para elevar la edad de jubilación, en línea con las estrategias de Alemania y Francia. Si algo le salva a ZP del semestre español es su especial atención a la política europea de cooperación, como se puso de relieve en la grave crisis humanitaria de Haití y en el terremoto de Chile. Pero siendo eso muy importante, no lo es todo.

El error de Madrid estuvo en la expectativa creada ante la presidencia europea, debido al recuerdo de presidencias anteriores y también a la necesidad de encontrar un escenario positivo, a modo de bálsamo para las heridas de la crisis interna. Pero la Unión Europea cuenta ahora con un presidente estable, Van Rompuy, a quien corresponde no sOlo la presidencia de las cumbres europeas y de la UE con los demás países, sino también el impulso de las políticas europeas y el desarrollo práctico de los acuerdos de los Veintisiete.

Por esa razón, y siguiendo el guión de la alemana Angela Merkel, el presidente Van Rompuy ha desempeñado un relevante papel en la definición de la estrategia económica para 2020 y en las negociaciones para reforzar el gobierno económico europeo, que es lo que le preocupa a Alemania en defensa del euro. ¿Conclusión? Ni el nuevo entramado institucional ni los vientos políticos que ahora soplan desde Bruselas favorecieron el papel de Zapatero, ni como presidente de turno ni, menos aún, como ideólogo de una Europa que Merkel quiere llevar muy de su mano y en la que a ZP le queda acatar lo que le mandan.

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