La cabeza de Montilla

La cabeza de Montilla
José Montilla, Presidente de la Generalitat

Montilla tiene un problema. Hablo del presidente de la Generalitat quien, tras salir la semana pasada a escena para convocar una manifestación de todos los partidos políticos para protestar contra la sentencia del TC, ahora resulta que no se pone de acuerdo con sus socios para elegir el lema de la movida. Sus socios de ERC e IU y sus rivales de CiU quieren una pancarta inequívocamente «soberanista»:

«Somos una nación. Nosotros decidimos». Artur Mas, estimulado por las encuestas asume, sino el discurso, sí el lema de sus rivales de la Esquerra independentista. Mientras tanto, Montilla, que recordemos que como presidente de la Generalidad es la primera autoridad del Estado en Cataluña, querría que la manifestación estuviera encabezada por una «senyera» -la bandera catalana- limitando, así, el alcance de la protesta contra la sentencia y el Gobierno que, según los nacionalistas, la habría inspirado.

Montilla que pasó del maoísmo a la socialdemocracia y de esta al catalanismo, se ha metido en un buen lío. Lío del que saldrá trasquilado políticamente porque, sea cual sea su actuación en los próximos días, nunca será aceptado por el cogollo de la burguesía nacionalista. Por eso sobreactúa. Primero se metió en el laberinto del «Estatut» y después en la deslegitimación del TC. La suya es una figura política patética impelida por el extraño complejo de subordinación al nacionalismo que atenaza a algunos residentes nacidos fuera de Cataluña. Es el caso de Montilla: cordobés de origen y español de lengua. Como digo, políticamente, está perdido. Creo que lo sabe.

Por eso ha decidido tirar por la calle de en medio, encabezando una manifestación que si triunfara en sus objetivos la primera cabeza política que se cobraría sería la de Montilla.

 

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