Los debates que se han generado tras la sentencia del TC

Que nos traduzcan a Montilla

"Vamos a ir a una manifestación sin tener ni idea qué dice la sentencia"

Que nos traduzcan a Montilla
Los diez miembros del Tribunal Constitucional que votaron sobre el Estatuto Catalán el 16 abril 2010.

La unión hace la fuerza y si cuela, cuela

Parece evidente que los ciudadanos de Cataluña vamos a necesitar traductor simultáneo para entendernos entre nosotros. Y no por un problema de lengua, que también, sino porque los debates que se han generado tras la polémica sentencia del Constitucional empiezan a ser incomprensibles hasta para los más avezados analistas políticos y sociales del país.

Vayamos por partes: nuestro presidente decidió la misma tarde en la que se hizo pública la sentencia convocar una manifestación para demostrarle al mundo mundial que los catalanes nos sentíamos humillados y doloridos por la afrenta. Luego supimos que la sentencia en su totalidad no se haría pública hasta pasados ocho días pero por lo visto, nuestro presidente debía ya conocerla dada la urgencia de la convocatoria. ¡Pues no!! Ni él ni su gobierno a día de hoy conocen que partes del Estatut serán reinterpretadas ni que consecuencias jurídicas podrán derivarse de su aplicación.

Al día siguiente, Omnium Cultural se erige como representante de la Sociedad Civil y con el aval moral que le otorga ser el receptor de múltiples y variadas subvenciones por parte del Govern, asume el protagonismo de la convocatoria.

Entonces se plantea un terrible dilema: ¿Qué emblema se coloca en la cabecera de la manifestación?

Poca broma, porque el tema es de difícil solución. Por una parte, el President solo puede participar en la manifestación si la bandera catalana ondea al frente de ella sin consigna alguna que la acompañe pero por otra parte, Omnium Cultural, convocante y representante de la Sociedad Civil ha decidido colocar una pancarta con el lema «Som una nació, nosaltres decidim» o «Decidim perque som una nació» o «Decidim que som una nació» o «Perque som una nació, decidim». (Hace tiempo que me he perdido en los matices).

¡Y todo ello sin tener todavía ni pajolera idea sobre qué demonios dice la sentencia!. Por tanto, llevan reunidos 48 horas seguidas, imagino que a base de cafés con lo que eso excita, intentando llegar a un acuerdo que posibilite que todas las partes puedan asistir, sin que eso menoscabe ni el honor, ni la legitimidad ni la unidad de todos ellos.

Cabe preguntarse si no hubiera sido más sensato esperar a tener todos los datos, debatirlo con calma, buscar asesoramiento jurídico para saber el alcance de la sentencia, ponerse de acuerdo sobre quién sería el convocante, etcétera. Pero parece claro que la cercanía de las elecciones ha colocado al Estatut como el caramelito deseado por todos los partidos, a excepción del PP que es el receptor de todas las bofetadas simbólicas. ¡Hay que felicitarles porque por lo menos en eso se han puesto de acuerdo!

Pero las consecuencias de la polémica sentencia no acaban aquí. Hoy nos hemos despertado con la inquietante noticia que dos ayuntamientos de Cataluña: Vilafranca del Penedés y Port de la Selva han tenido la misma maravillosa y original idea: convocar un pleno extraordinario y presentar una moción por la que se declaran, y cito textualmente: «Excluidos moralmente de la Constitución Española». A mí, así, a bote pronto, me ha parecido algo grandioso. Me he acordado de la última sanción de tráfico que me han impuesto y por la que he perdido la nada despreciable cantidad de cuatro puntos. Como tengo que hacer el pliego de descargo voy a intentar aplicar la misma frase y declararme moralmente excluida de la Ley de Tráfico española que tanto dolor me está causando. Les aconsejo que hagan lo mismo. Ya saben: La unión hace la fuerza y si cuela, cuela.

Les debo advertir que el sábado es el día D. El futuro de Cataluña depende del número de asistentes a la convocatoria y estoy casi segura que seremos más de diez millones. Yo ya he sacado la bandera estelada del armario por si el mismo sábado por la noche el presidente Montilla decide salir al balcón de la Generalitat y proclamar el Estat Catalá. Solo confío que España esté a la altura de las circunstancias y lo evite, ganando el Mundial.

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