En el último estudio del CIS, el paro y la economía repiten como los dos principales problemas de los ciudadanos

La insolvencia del Gobierno ZP es el ‘peso muerto’ en la mochila española

La resignación y el cabreo generales son cosa natural dado lo prolongado de la crisis

La insolvencia del Gobierno ZP es el 'peso muerto' en la mochila española
José Luis Rodríguez Zapatero. EFE

Cierto es que los políticos no son peores que la media de los albañiles o de los periodistas

Con el paso del tiempo el daño se ha extendido desde las arterias y las venas de la economía a los más pequeños capilares. Hasta quienes antes notaban menos la crisis empiezan a notarla más.

Lo que no es natural sino de lo más preocupante es que los dirigentes políticos, que deben aportar las soluciones, sigan como tercer gran problema del país.

Se podrá alegar, como acostumbra el presidente del Congreso, Bono, que esta mala fama es injusta, y que, aunque en cualquier grupo humano hay manzanas podridas, la inmensa mayoría de los políticos está formada por personas capaces y honradas.

Cierto es que los políticos no son peores que la media de los albañiles o de los periodistas.

La diferencia es que ni los albañiles ni los periodistas nos subimos cada cuatro años a una tarima a pedir que nos voten porque tenemos soluciones para los problemas.

No es sólo incapacidad de gestión lo que está acreditando Zapatero en esta crisis, lo peor es su palmaria falta de coherencia, lo último que se puede perder en política.

El esperpento de la deuda de las autonomías debe de haber dejado una vez más boquiabiertos a nuestros socios de la Unión Europea.

Aunque, bien pensado -o mal pensando: para nuestro sonrojo-, igual ni eso, igual Merkel y los demás socios ya se han acostumbrado, como la famosa prima de riesgo, a que en nuestro país gobiernan personas sin criterio, veletas al son del viento electoral en las que no hay que creer porque no son de fiar.

Los españoles enfilamos la recta de las elecciones de mayo con un ojo puesto en que no se nos cuele ETA de nuevo en la fiesta electoral y el otro en un Gobierno insolvente que da más problemas de los que resuelve.

Saldremos de esta, como gusta decir el presidente Zapatero; ¡sólo faltaría! Pero avanzar con el peso muerto de la desconfianza en el Gobierno en la mochila cuesta más.

Nota.- este artículo se publicó originalmente en La Gaceta.

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