Suárez y el consenso.

MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Dentro del «empacho» -y como tal consecuencia de un exceso- al que hemos asistido durante los últimos días con motivo de la conmemoración de los treinta años del fallido golpe de Estado, ha habido algunas cosas que han merecido la pena ver o escuchar. Me referiré específicamente a dos: la defensa de la figura de Adolfo Suárez hecha por el actual presidente del Congreso, José Bono, y la llamada a recuperar el espíritu de la transición realizada por quien en aquellas horas dramáticas para la historia de España fue presidente del Gobierno en funciones, Francisco Laína.

Es muy del carácter hispano hablar bien de las personas que han tenido una responsabilidad pública cuando han muerto, o como es el caso de Suárez, una grave enfermedad le tiene en vida, presente entre nosotros, pero al mismo tiempo ausente. Bono -con esa dosis de sobreactuación que tanto le gusta- deslizó una autocrítica a lo que el mismo calificó de censuras «inmisericordes» y «horribles» que el PSOE hizo en aquellos tiempos al entonces presidente Suárez. Y es verdad. En sus ansias de llegar al poder, los socialistas no ahorraron ataques, calificativos y campañas de desprestigio en las que el gran abanderado fue, no podía ser otro, Alfonso Guerra. También es cierto que las maniobras de desgaste de Suárez también se dieron, y de que manera, en el seno de su propio partido, la UCD, algo que fue decisivo para que el interesado acabara arrojando la toalla al darse cuenta que no tenía el apoyo de los suyos.

Nadie puede discutir que el papel y la determinación de Suárez para lograr una transición pacífica de un régimen dictatorial a otro democrático fue clave. Algunos lo consideraron entonces como un traidor a unos principios, los del Movimiento Nacional, que el había jurado llegando incluso a ser su secretario general. Otros piensan que su evolución política, de la mano de su mentor Fernando Herrero Tejedor, fue decisiva para que el entonces joven Rey Juan Carlos le eligiera a él y no a otros candidatos con más biografía política para llevar a cabo la transición.

En cuanto a Francisco Laína, el que fuera presidente del Gobierno durante las horas en que Tejero y sus guardias civiles tuvieron secuestrados al Congreso, ha dicho que «han pasado treinta años y a veces parece que los negros fantasmas de las dos viejas Españas vuelven a aparecer. Es hora de recuperar el espíritu del consenso de la Transición, tantas veces demonizada». Personalmente no puedo estar más de acuerdo con esta declaración. La pregunta es si en las actuales circunstancias políticas que vivimos -incluidas en estas circunstancias los líderes políticos que tenemos- es posible recuperar ese espíritu de consenso. Me temo que la respuesta, por el momento, desgraciadamente, es negativa.

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