El paro condena al Gobierno.

MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Y nos condena a todos. Cinco millones de parados -que la ministra Salgado hasta se congratule porque la cifra por la mínima no se ha superado es una burla siniestra- suponen la mayor catástrofe social vivida en democracia por España. En primer lugar para quienes la sufren, en especial esos 1,4 millones de familias con todos su miembros en paro y esos más de dos millones de larga duración con los subsidios agotados. Pero también para el conjunto de la economía española, en suma, para todos nosotros.

Porque el mazazo es terrible y sus efectos demoledores. De poco sirve este o aquel repunte aquí o allá, en turismo o en industria, con el 21,29 por ciento de desempleados (cifra por cierto adelantada unas semanas por el diario Negocio, que tengo el honor de dirigir) todo queda arrasado y las posibilidades de recuperación se alejan cada vez más. Paro significa parálisis, imposibilidad de consumo, de movimiento económico alguno. Con cinco millones de parados no hay quien pueda caminar hacía adelante.

Nos condena a seguir arrastrándonos por una crisis a la que cada vez se ve más lejana salida mientras que otros países cercanos la dejan cada vez más atrás. Nos condena a todos. Y por supuesto condena a este Gobierno y al partido, el PSOE, que con sus políticas no sólo no ha sabido combatir la situación sino que la ha empeorado. La negó, la ocultó, la dio por concluida nada más reconocerla y fue incapaz hasta que le obligaron de tomar una sola medida coherente contra ella. Su verdadera política fue buscar a quien echarle la culpa en vez de afrontar sus responsabilidades. Un día, antes de las elecciones pasadas, pregunta si ZP era el indicado para pedalear la cuesta arriba. La respuesta no puede ser más clara. Ahí está, haciéndose el muerto, en plena rampa.

Hoy la noticia, que a nadie ha sorprendido pero que no por ello nos deja menos angustiados, nos coloca de nuevo ante el espejo de la realidad, fuera de los espejismos diarios con que estos saltimbanquis que nos gobiernan pretenden distraernos. Y a ella se añade otra igualmente negativa. Los precios se disparan. La inflación alcanza el 3,8 por ciento. Y el primer causante de esa subida los alimentos. O sea, cinco millones de parados, los precios disparándose y los costes de las hipotecas subiendo. Porque para frenar esa inflación Europa ya ha empezado a subir y subirá aún más los tipos de interés. Porque ellos están ya creciendo y creando empleo. La locomotora ha arrancado, el tren se mueve, pero nosotros, que un día estuvimos en los vagones delanteros, ya no estamos ni en el de cola. Estamos a punto de desengancharnos y quedarnos en vía muerta.

Y este Gobierno, nuestro Gobierno, su presidente y sus ministros son, además, una de nuestras peores rémoras. Irresponsables y por ellos insensatos responsables de la enorme gravedad de la situación. El único servicio real que podrían hacerle ya a España es irse cuanto antes, hoy mejor que mañana. Pero de verdad, no como ZP, que no se ha ido de nada. De nada donde no pudiéramos echarle. El se hace el muerto pero nos esta matando a todos.

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