Opinión / Alfonso de la Vega

El fracaso liberal: abandonar al pueblo a merced de los pastores traidores

El fracaso liberal: abandonar al pueblo a merced de los pastores traidores
Gregorio Marañón y Pío Baroja en 1939.

Pocas confesiones de impotencia y quiebra moral, de fracaso de la Libertad, del Pensamiento y de la Cultura como principios informadores de la organización de la vida social española resultan más desoladoras para el Espíritu, que la de un Antonio Machado decrépito y acobardado glosando la figura violenta, brutal, de Lister: «si mi pluma valiera tu pistola / de capitán, contento moriría». Se había llegado entonces a un callejón sin salida, como de otro modo también lo estamos ahora.

Si tanto hace ochenta años como ahora los nacionalistas y parte de la izquierda continúan su tradición de violar las instituciones y el Estado de Derecho cuando se creen fuertes, son muchas las causas por las que se ha llegado a la actual situación de deterioro que ya no parece admitir más remiendos ni tímidos y pudibundos disimulos. Hay causas políticas y jurídicas, pues la ambigüedad del chapucero Título octavo está pasando factura como no podía sorprender cuando existen facciones políticas cuya razón de ser se encuentra y crece en la deslealtad, se benefician de la violencia terrorista criminal y falsifican la historia al modo orwelliano. Si además el gobierno dimite de sus obligaciones el desastre está servido.

Pero el mal es más profundo: tiene que ver con la propia Nación y su forma de comprenderse a sí misma. Es decir, con el fracaso de la Cultura, con la base moral de la Nación española que es anterior al del propio sistema político. Se echa en falta una generación de gentes de Cultura que quieran promover los valores de la civilización española. ¿Dónde están ahora los Unamuno, Baroja, o Maeztu, Valle, Bonilla, Pérez de Ayala, Marañón, Ortega, Machado, Azorín, comprometidos con España?

El gran Valle, retirado a la vida campesina en su Arosa natal, declara «la horrible lacra, la espantosa afrenta que sufre el Alma Mater Hispánica». Exhorta a los liberales a «crear un nuevo ligamen para la Unidad española, pues está dispersa en su noche triste el alma nacional y hay que convocarla». Creía que «intentar sostener la unidad nacional y fundamentarla en el sentimiento histórico, cuando el pueblo solamente recuerda catástrofes es cínico y absurdo. Los reyes Católicos acertaron a juntar sus reinos mal avenidos en la unidad ardiente y religiosa del Credo Apostólico Romano. Fallido el nexo histórico crearon el nexo confesional y la Santa Inquisición…

Los ínclitos varones doceañistas, para no quedarse a oscuras, encendieron con mucho lucimiento las bengalas patrióticas.»

Bengalas que iluminaban la alianza entre el Trono y el Altar. Pero debilitada la influencia eclesiástica casi un siglo después de escritas esas palabras, el Socialismo no parece resultar conveniente socio leal para la Corona ni su práctica amerita el ejercicio de la Libertad ni la permanencia de la Nación.

Sostiene Tarrio que el liberalismo es el verdadero centro político español. Pero en lo cultural, el fracaso liberal ha consistido en dejar la educación de las nuevas generaciones de españoles en manos de los nacionalsocialistas. En abandonar al pueblo a merced de los pastores traidores y mercenarios del Coloquio de los perros cervantino.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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