Opinión / Isabel Durán

«No volveré a poner un pie en San Sebastián mientras gobiernen los bilduetarras»

"No volveré a poner un pie en San Sebastián mientras gobiernen los bilduetarras"
Vista general de una manifestación abertzale en San Sebastián. EFE/Archivo

Los recuerdos de la niñez en una infancia feliz y sin traumas, como la mía, son brochazos en la memoria, indelebles y cálidos. Y uno de esos recuerdos grabados en mi ADN vital era la llegada de cada verano a San Sebastián, la cuna de mi madre y de la madre de mi madre como Mondragón o Tolosa de mis abuelos o bisabuelos. Al acercarnos en el coche a la bellísima capital donostiarra, mis padres nos alegraban el inminente final de trayecto a la chiquillería que íbamos en el asiento de atrás, cantando todos: «San Sebastian tiene cosas que no tiene el mundo entero, tiene playa tiene Igueldo y el mejor barrio costero…»

Su popular y pegadiza melodía ensalzaba las virtudes de la ciudad más bonita de España y nos llenaba de la alegría de quien llega de nuevo a casa a disfrutar con un batallón de primos y amigos en los casi tres largos meses de las vacaciones escolares. Aquellos recuerdos pronto, en mi adolescencia, se tornaron en turbulencias y sobresaltos. Los otrora seguidores de la actual Bildu convirtieron el paraíso donostiarra en el infierno de la agitación proetarra. Y mi familia, como tantas y tantas otras, mudó su destino en busca de la paz, el sosiego y la tranquilidad que los amigos y cómplices de ETA habían hecho saltar por los aires.

Ahora San Sebastián ha mudado su piel. La sangre derramada y el sufrimiento de tantos donostiarras o civiles, militares y miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado ha sido en vano. El pasado y presente de terror de quienes han tomado el Ayuntamiento –gracias a los socialistas impulsores de su aterrizaje en las instituciones vascas– ha sido premiado con la capitalizad europea de la cultura en 2016. Un escarnio y un error histórico que encoge el corazón. Basta con ver cómo pretenden celebraron los bilduetarras esta aberrante concesión.

Quieren realizar una gran cadena humana que una las dos localidades, Villabona y Tolosa, donde fueron asesinadas las «primeras víctimas» del «conflicto» el 7 de junio de 1968. El guardia civil José Pardines y su verdugo terrorista, Txabi Echevarrieta, abatido horas después en un enfrentamiento con la Benemérita. Al joven guardia civil de Trafico le asestaron un primer tiro en la nuca cuando estaba en cuclillas mirando el motor del vehículo, cayó boca arriba y su asesino le reventó cuatro tiros más en el pecho.

Una cadena humana que refleja hasta qué punto el premio otorgado por razones políticas a la capital de Guipúzcoa humilla a los españoles y es un escarnio para las víctimas, la libertad y la democracia.

San Sebastián tiene cosas… Lo que tiene a partir de ahora San Sebastián, es que no volveré a poner un pie en ella mientras gobiernen los bilduetarras.

Coda: Pardines no fue la primera víctima de ETA, sino la niña donostiarra Begoña Urroz asesinada en 1960. Siempre lo mismo, la historia rereescrita por quienes equiparan a víctimas con verdugos.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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