Siete días trepidantes.- 33 años en 3 días.

MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Tres horas y, luego, tres días es lo que costó modificar en materia sustancial una Constitución vigente y casi intocada –excepto en una cuestión perfectamente secundaria– desde 1978. «No abramos el melón» de la reforma constitucional, era el grito unánime de una clase política acomodada y acobardada. Bastó una indicación del Banco Central Europeo para que quienes se mostraban en contra de constitucionalizar el techo de gasto presupuestario, con Zapatero y Pérez Rubalcaba a la cabeza, lo admitiesen, para que quienes se negaban al pacto entre partidos lo asumiesen y para que los negociadores de los dos principales partidos nacionales llegasen a un acuerdo ‘interno’ –poco transparente– sobre una modificación a un artículo de la Carta Magna… en tres días.

Treinta y tres años de Constitución sacrosanta y venerada –en la teoría, claro– saltaron hechos añicos en tres días. Tres. En horas setenta y dos se pactó un contenido reformista, un calendario parlamentario para aprobarlo y hasta un protocolo de acusaciones y defensas para dejar fuera del arco del consenso a quienes o bien pedían –contra la ley y el espíritu de la Constitución, pienso– un referendum para esta reforma de la ley fundamental o, simplemente, la denostaban como antisocial.

Conste que apruebo tanto el espíritu como el método de esta reforma express. La Constitución ha de reformarse cuanto antes, además, en otros varios aspectos clave para la buena marcha del Estado, y de manera muy especial en el Título VIII, referido a las autonomías. Cuánto mejor sería que, en lugar de jugar a las disidencias o de echar polvo a los ojos de los ciudadanos –a José Blanco, por ejemplo, «no le consta» que exista una carta del Banco Central Europeo urgiendo reformas en la estructura económica española–, como si los españoles fuesen menores de edad, los partidos se pusiesen de acuerdo sobre cómo regular el futuro, gane quien gane las elecciones. Y, entonces, consensuar un calendario de reformas constitucionales de calado, que de una vez modernice este país cuya ley de leyes ni contempla Europa, ni Internet, ni el servicio militar libre, ni un Estado cuasi federal y fuerte, ni una homologación absoluta de los derechos del varón y la mujer a la hora de heredar la Corona, ni el euro, ni…

Es preciso que, cuanto antes, se cree una comisión paritaria, en la que intervengan el Consejo de Estado, los partidos, el Consejo del Poder Judicial, las Cámaras legislativas y hasta un grupo de expertos de toda España, consensuados por los partidos, para que ponga en marcha una reforma de la Constitución de 1978 que, de una vez, en un plazo razonable, dé una mano de pintura a un texto que nació hace treinta y tres años para regular el paso de la dictadura a la democracia, no para perpetuarse. Qué difícil se hizo reformar la Constitución y cuánta falta hace, ahora que nos adentramos, con la vista puesta en el primer valladar, el 20-n, en una segunda transición en toda regla…

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