Extraña elección.

MADRID, 3 (OTR/PRESS)

En cada elección, llegado este día, se produce una extraña sensación. Comienza oficialmente la campaña electoral y los partidos repiten la liturgia conscientes de cumplir un mero formalismo vacío de contenido, porque la sensación ciudadana es la de que vivimos desde hace meses – quizás alguien piense que años – instalados en una constante campaña. Pero en estas elecciones generales esa sensación repetida se mezcla con otras. La primera, la de que todo está decidido, que el pescado está vendido. Pidió reiteradamente Mariano Rajoy elecciones anticipadas y se ha encontrado con unas elecciones de resultados anticipados, en los que la brecha abierta entre ambos partidos, constatada unánimemente por todos los sondeos, parece insalvable para el candidato Rubalcaba.

Si los resultados confirman los pronósticos, nos encontraríamos ante una doble injusticia traducida en un excesivo premio y un excesivo castigo que no se corresponderían con los méritos y deméritos acumulados por los contrincantes. Pero si por casualidad Rubalcaba consiguiera en estos quince días el milagro de dar la vuelta a las encuestas y mantener el poder para su partido, la sensación sería idéntica. Porque otro dato demoledor que aportan los sondeos es que la confianza que despiertan los dos candidatos está bajo mínimos.

En estas circunstancias, muchos ciudadanos que de momento son técnicamente indecisos quizás no lo sean y posiblemente hayan tomado ya la decisión de infligir un doble castigo en forma de voto en blanco o de abstención. Una paradoja más, porque con nuestro sistema electoral la abstención favorece a los grandes partidos con voto consolidado y las papeletas en blanco, que se escrutan, hacen más difícil que los pequeños tengan el porcentaje suficiente para lograr un escaño en el Congreso de los Diputados.

Pocas elecciones han tenido más trascendencia que ésta en nuestra corta historia democrática. El gobierno que salga de las urnas se tendrá que enfrentar a una seria situación muy difícil de gestionar. Cabe esperar y debemos exigir que quienes nos van a pedir el voto estén a la altura de las circunstancias y nos expliquen lo que pretenden hacer y cómo van a hacerlo, sin perder demasiado tiempo en explicarnos por qué no debemos votar a los otros.

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