Siete días trepidantes.- El futuro de Rubalcaba, a una semana vista.

MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Dijo Rubalcaba, en un muy publicitado encuentro con ‘twiteros’, que no piensa dimitir la noche del 20-n por muy malo que sea el resultado que obtenga el PSOE. Entre otras cosas, es de suponer, porque no tiene cargo del que dimitir en el presente. Pero tiene el futuro: presentarse como candidato a la secretaría general del partido en el próximo congreso de mayo -¿o será anticipado? Porque el pabellón de Ifema, donde el congreso se celebraría, está ya reservado para febrero, por si acaso- o bien no presentarse, y fin a su carrera política. Lo que, en mi opinión, sería una lástima, porque las cualidades del candidato socialista son muchas y evidentes.

Pero cuando transitamos por el último fin de semana de la campaña electoral, por las últimas encuestas poco amables con los socialistas, lo cierto es que el futuro está ya escrito. Ni siquiera el debate ‘cara a cara’ ante la televisión, incompleto, insuficiente obsoleto y, sobre todo, único, dio a Rubalcaba la ventaja sobre Rajoy a la que aquel aspiraba. Todo depende ahora de la magnitud de la derrota del domingo 20; no puedo preciarme de conocer demasiado a Rubalcaba, que jamás me ha distinguido con favor informativo alguno (Rajoy tampoco, sobra decirlo), pero tengo la impresión de que, si las previsiones de los sondeos se cumplen, Rubalcaba se irá más bien silenciosamente por el foro. Y el PSOE tendrá que buscarse nuevos caminos, bien sean los previstos (Carme Chacón, Paxi López), bien sean otros hoy impensables.

En todo caso, el futuro del socialismo español se presenta problemático. No veo fácil una cooperación con el ya casi gobernante Partido Popular, lo cual también es una lástima. La travesía del desierto, tras el agotamiento de un paso por el poder especialmente fatigoso, va a ser dura. Sospecho que los actuales dirigentes lo saben, como saben que tendrán que ceder el paso a figuras emergentes, ‘tecnócratas’, en palabra hoy tan en uso. Pero es que el mundo, ya se ve sin salir de la vieja Europa, está cambiando demasiado como para que el viejo PSOE, unas siglas que un día amamos pero que hoy es urgente revisar, pueda seguir así, sin más y sin mayores y sustanciales cambios. Lo interesante, ahora, es ver quién cambiará las ajadas estructuras, las ideas de siempre que, ya se ve, no parecen contar con el beneplácito de una mayoría de ciudadanos, por mucho que aún se llenen los locales donde se celebran los mítines. Me parece que tienen que comprender, ellos, nosotros, el mismísimo triunfante Rajoy, que estamos en otra cosa, ante otras cosas. El continuismo, una pena, ya no puede ser. Ni en la sede de Ferraz, ni en la de Génova, ni en Moncloa, ni en parte alguna.

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