"El Mundo no quiere dar su brazo a torcer en la conspiranoia que se inventó sobre el 11M"

El hundimiento en el ridículo de Pedrojota

El diario El Mundo, quizás por sus muy menguantes ventas o porque Pedro J no quiere dar el brazo a torcer en la conspiranoia que él se inventó sobre el 11-M, y que constituye la página más negra de la historia del periodismo español en cuanto a mentir y manipulación, está desarrollando una histérica campaña a favor del asesino Jamal Zougam, al que presenta como la pobre víctima de un error judicial. A tal fin ha dedicado reiterados honores de portada al asesino de 192 personas e incluso ha liado al pobre Gómez Liaño para que se ponga en la piel del asesino en un patético artículo.

La cuestión estrella de la infame campaña es el intento de desprestigiar a dos testigos oculares, vieja estrategia de las defensas marrulleras, a lo que se ha prestado Casimiro García-Abadillo. Por el contrario, tendríamos el testimonio de la pobre víctima, que no es otra que el asesino Jamal Zougam.

Junto a la infamia deviene el clamoroso ridículo. Lo de este domingo ha sido de traca, de aurora boreal. Amén de que Pedro J nos cuente una película, entrevistan al pobrecito Zougam en la cárcel de la localidad alicantina de Villena y hete aquí que no se acuerda de nada. De nada, por de pronto, sobre el día 10, la víspera, en que se arman las bombas.

Según declara el propio Zougam a su periodista defensor, Abadillo, “no estoy seguro de si comí ese día en el restaurante Barraca o si fui a comer a casa de mi madre”.

No paran ahí los despropósitos memorísticos referidos a fecha tan clave. De nuevo Zougam se la cuela a Abadillo o éste se la deja colar,porque también dice que “no recuerdo si fue el mismo día 10 o unos días antes, fui a un banco de Lavapiés a pagar varias multas por unos 400 euros”. Es probable que Zougam estuviera todos los días pagando multas, porque, de lo contrario, es un hecho relevante como para situarlo con exactitud y lo de comer o en un restaurante o en casa de su madre también es de traca, de vergüenza ajena, tratándose de la mismísima víspera del atentado.

En lo referido al día 11, cuando fue visto por más testigos, no sólo por las dos rumanas, sobre las que El Mundo desarrolla una pésima cacería que ya realizó el mal y desprestigiado abogado de Zougam en el juicio, José Luis Abascal (no cobró de Zougam, ¿pagó la minuta El Mundo?), la ‘coartada’ de Zougam es que estaba en casa desayunando. A pesar de que citó como testigos a su madre, a su hermano y a su hermana, ésta última se desentendió y no declaró nada a la policía ni en el juicio; su madre no declaró a la policía; su hermano sí dijo a la policía que Jamal estaba durmiendo pero que él no lo había visto. Ya en el juicio, la madre y el hermano de Jamal afirmaron que estaba durmiendo mientras volaban los trenes. Testimonios, como se ve, desinteresados y objetivos. Con estos mimbres, hace Pedro J su neoperiodismo de ficción El Mundo en los últimos años y así le va en la OJD y así le salen las cuentas.

A raíz de la terrible masacre del 11-M, durante varios meses, Pedro J ya hizo una campaña a favor de la inocencia de José Emilio Suárez Trashorras, el que vendió los explosivos a los islamistas, al que presentó como la víctima de una trama policial y sin que los explosivos de Mina Conchita tuvieran nada que ver con el atentado. Entrevistaron a Suárez Trashorras con el mismo formato que ahora utilizan con Zougam. La arrogancia y la estulticia de Pedro J en su conspiranoia llegó a que escribiera que “el Tribunal se verá obligado a absolver a los imputados en la masacre del 11-M a menos que alguien pueda acreditar que los islamistas tenían otras vías de suministro distintas a las de los asturianos”. El Tribunal no cumplió el pedido de Pedro J y condenó a Suárez Trashorras por tráfico de explosivos y por terrorismo. Pues bien, el 27 de marzo de este año, el abogado de Trashorras, Carlos Orbañanos se dirigió al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, reconociendo, en nombre de su defendido, la venta de los explosivos que se utilizaron en la masacre de Atocha y en Leganés, pero argumentando que no sabía para qué se iban a utilizar y que, por tanto, no se considera un terrorista. En el escrito del abogado se afirma taxativamente: «A fin de evitar debates innecesarios y superfluos al objeto del presente recurso es deseo de mi defendido, apartándose de la estrategia de defensa mantenida hasta el presente, reconocer, como bien expresa la sentencia de la Audiencia Nacional (página 658) que todo o gran parte del explosivo utilizado en el terrible atentado del 11-M y [en el suicidio de Leganés que causó la muerte de un policía] el 3 de abril provino de Mina Conchita y que fue mi representado (pero no solo él) quien lo puso a disposición de Jamal Ahmidan».

Después de una pifia de tal calibre, que afecta a la estética y a la ética periodísticas, lo decente es pedir disculpas a todos los españoles por haber mentido y manipulado tanto y profesor en la Trapa con voto de silencio. Lejos de ello, Pedro J sigue con la matraca y se hunde cada día más en la indecencia y el ridículo. Ahora el inocente es el desmemoriado Zougam, condenado por pertenencia a banda armada, 192 delitos de homicidio consumados y 1.856 en grado tentativa y otros delitos menores al lado de estos de estragos terroristas.

Jamal Zougam era ya un integrista antes de la masacre del 11-M. Estaba siendo investigado. La Policía francesa se había interesado por él. Consta que viajaba con frecuencia a Dinamarca para entrevistarse con el mulá Krekar, uno de los líderes morales –o más bien, inmorales- del yihadismo europeo, del terrorismo integrista. El gobierno de Marruecos acusa a Zougam de haber sido uno de lo que preparó el atentado del 16 de mayo de 2003 contra Casa España, en Casablanca, que se cobró 45 vidas humanas.

Los móviles que se usaron como detonadores en las bombas eran del locutorio de Jamal Zougam, en cuyo subterráneo había un taller con el material necesario para armarlos para esa finalidad letal. Si todas las bombas hubieran estallado, no se habría llegado a Zougam. Fue el heroísmo del tedax Pedro, jugándose la vida, desactivando en el Parque Azorín la bomba encontrada en la Comisaría del Puente de Vallecas, en aquel terrible y caótico día, el que permitió a la policía hacerse con un móvil y con los datos claves de su tarjeta y llegar hasta Zougam.

¿Por qué con tantas evidencias, y no habiendo ningún género de duda sobre la criminalidad de Zougam, Pedro J intensifica su cruzada conspiranoica, hundiéndose en el más espantoso ridículo? Es preciso recordar que Zougam fue condenado por la Audiencia Nacional y que la sentencia fue reafirmada por el Tribunal Supremo frente a la apelación. También que hay un sumario abierto en la Audiencia Nacional, así que Pedro J, que miente en todo, también miente en que haya que reabrir el caso. Le basta con personarse en ese sumario. Lo que pretende es revisión de condena y que se ponga en libertad a Zougam, para lo que debe acudir al Supremo, con nulas posibilidades de que tan descomunal chorrada tenga efecto alguno.

Pedro J necesita que Zougam sea como sea inocente, a la trágala, para que entonces la mochila de Vallecas sea falsa, puesto que ya le falló totalmente su estrategia conspiranoica contra los explosivos. Para que lo entienda el lector, si la mochila es falsa, entonces Pedro J supondría que no han sido los islamistas, porque su delirio es que la masacre del 11-M fue obra de policías españoles. Sus voceros afirman incluso que no hubo suicidio en Leganés –como repite un ingeniero fabulador y atorrante y aventa un vocero frívolo e inconsistente-. También indican, ante el ridículo creciente, que esos mismos policías retiraron todas las pruebas de su implicación en 24 horas. Aunque parezca increíble tal grosera estupidez, en ella está Pedro J, y no de ahora, sino durante siete años de matraca y estulticia. Fue en el mismo verano de 2004, cuando en unas jornadas sobre el 11-M organizadas por el sensacionalista El Mundo en Baleares afirmó –y así se publicó en su menguante diario- que “cada vez más indicios apuntan a que el 11-M se gestó en el seno de los aparatos policiales y los servicios del Estado democrático”.

Por cierto, ya va siendo ahora de que se dé carpetazo a ese estúpido sumario que la juez Coro Cillán mantiene sobre la correcta actuación de un buen policía como es el comisario Sánchez Manzano. El entonces jefe de los Tedax tuvo en aquellos días una actuación correcta, profesional y patriótica. La juez Coro Cillán está perdiendo su precioso tiempo y dilapidando el dinero de los contribuyentes.

Enrique de Diego

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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