En el PSOE la historia se repite una y otra vez, ganador lapida a perdedores. Ganar un Congreso con menos de un cincuenta y uno por ciento de los votos, debería de dar lugar inmediatamente a integrar en las listas de la dirección federal a un alto porcentaje de los llamados perdedores.
La política sería fantástica si todos sus actores tuvieran excelencia y capacidad de consenso e integración. Pero desgraciadamente no es así. Cuando Tomás Gómez, secretario general del PSM, ganó en contra del aparato y en contra de las indicaciones de Rubalcaba que le pidió «un paso atrás» a favor de Trinidad Jiménez, muchos fueron los perdedores que se quejaron de la falta de integración del nuevo líder.
Ahora las tornas se han vuelto contra Gómez, su candidata era Carme Chacón, la perdedora por solo 22 votos, y sus detractores se agarran a este resultado para cuestionar a Gómez y pedir su cabeza. Este desgraciado instinto suicida de los socialistas madrileños en pos del poder interno no ayuda mucho para que el PSM pueda ganar, alguna vez, las elecciones madrileñas.
Gómez fue designado hace más de cuatro años por el aparato de Zapatero como líder sustituto de Rafael Simancas, cuando este perdió las elecciones frente a Esperanza Aguirre. Elecciones que previamente había ganado Simancas pero no pudo ser investido gracias trampas y deserciones socialistas nunca aclaradas.
Tomás Gómez, sustituto de Simancas, emprendió entonces, agrupación por agrupación, la difícil tarea de imponer su liderazgo por encima de las «familias socialistas» peleadas entre sí. Su liederazgo quedó definitivamente consolidado tras las primarias de octubre del 2010, en las que una amplia mayoría de los 22.000 militantes madrileños, le dieron la victoria.
El aparato de Ferraz, con José Blanco entonces a la cabeza, y Rubalcaba brazo de Ferraz en Moncloa nunca le perdonaron que hubiera derrotado al poderoso aparato del PSOE. Los detractores de Gómez, que votaron la candidatura de Trinidad, Rubalcaba y Blanco, nunca le han perdonado aquel duelo que asemejaba la victoria de David contra Goliat, lo que posiblemente para ellos fue captado como una estúpida humillación.
El entonces poderoso alcalde de Getafe, y presidente de la FEMP, Pedro Castro, fue la figura visible de la derrota. En la nueva constitución del comité madrileño, Castro quedó fuera, al igual que el alcalde de Leganés, Rafael Montoya y el alcalde de Collado Villalba, Pablo González. Los tres perdieron las elecciones, así como el 99 por ciento de los alcaldes socialistas que, de más de ciento setenta pueblos madrileños, sólo conservaron Fuenlabrada, Parla y tres municipios menores, aunque por los pelos y con pactos.
El alcalde de Fuenlabrada, Manuel Robles, aunque rubalcabista, supo ser discreto y centrarse en su mandato municipal. El alcalde de Parla, Chema Fraile, íntimo amigo de Gómez, siempre estuvo de su parte, así como los alcaldes de Alcorcón, Eduardo Cascallana, hoy diputado en la Asamblea de Madrid y senador nacional, y el de Aranjuez, hoy diputado en Madrid.
La escisión de los alcaldes y la no integración en la nueva Ejecutiva de otros diputados que votaron por Trinidad Jiménez, dejó muchas heridas abiertas que son, precisamente las que ahora buscan su oportunidad de tratar de imponer otro nombre alternativo para los próximos congresos del PSM. Valeriano Gómez, ex ministro de Trabajo y político no muy conocido en Madrid, podía ser la propuesta de Ferraz para tratar de arrebatar el liderazgo a Gómez.
Sea como fuere, lo bien cierto es que Tomás Gómez se ganó el liderazgo a pulso y ahora, sería de nuevo una catástrofe permitir que las guerras entre familias vuelvan a campar por sus respetos y vuelta a empezar. Salga quien salga, nunca será un líder del gusto de todos. La historia del socialismo de Madrid, desde la época de Leguina, se repite cada poco tiempo y los resultados que estas políticas suscitan parecen condenarles a la oposición a perpetuidad.


