OPINIÓN / Concha Minguela

Los estudiantes al gobierno: «Recorten sus sueldos, no nuestro futuro»

Los estudiantes al gobierno: "Recorten sus sueldos, no nuestro futuro"
Protesta estudiantil. 22 mayo de 2012 EFE

Aumento de tasas universitarias, disminución de las becas, despido de decenas de miles de profesores, masificación de las aulas, recorte en la inversión de investigación y laboratorios.

En definitiva,empobrecimiento de la Educación española, lo que se traduce en falta de oportunidades para todos por igual. Ante este panorama, siete millones de estudiantes recorrerán, como una «Marea Verde» las calles de las ciudades españolas.

Todos los sindicatos de estudiantes están involucrados. Incluidos los cinco estudiantes «criminalizados» en la portada de un importante diario nacional de tinte ultraconservador y, en este caso, delictivo.

Así están las cosas. Hace falta dinero y el gobierno conservador, en lugar de apretarse los bolsillos, bajarse los sueldos y meter en la cárcel a los corruptos y/o inútiles que se lo llevaron o hicieron quebrar al modelo económico, sólo se le ocurre la vía fácil: quitémosle 3.000 millones de euros a los estudiantes.

Esta vez toda la Enseñanza Pública española, desde las guarderías hasta la Universidad, pasando por la enseñanza primaria y secundaria, se paraliza echando a la calle a millones de adolescentes y jóvenes, junto a sus profesores, en lo que se ha denominado una Marea Verde que pretende gritarle al Gobierno conservador de Rajoy que «con la Educación no se juega».

Dinero de los estudiantes para pagar a Bankia

Una protesta contra el decreto ley del ministro Ignacio Wert que pretende sacar de la educación española los 3.000 millones de euros que le hacen falta al presidente Rajoy para presentar, su ofrenda sacrifical a la canciller Merkel, a los dirigentes de la Unión Europea, pero sobre todo a los nuevos «master del universo». Los que realmente están gobernando el mundo, con un artero golpe de estado parapetado tras el poder que les da su anonimato.

O quizá, son esos 3.000 millones de euros, esquilmados a la Educación, los que el presidente conservador Rajoy necesita en Bankia para tapar el agujero que la nefasta gestión de un prohombre del PP, Rodrigo Rato, ha generado. Añadido a todo ello, la escandalosa remuneración del ex presidente de Bankia, 2,3 millones de euros anuales y su Consejo con sueldos oscilantes entre los 180 y los 900.000 euros anuales. ¿No se le ha ocurrido al presidente Rajoy y a su ministro de Justicia Gallardón poner a trabajar al «dulce» fiscal general del Estado para recuperar parte del dinero perdido, pidiendo que lo devuelvan a los responsables?

Una huelga que disgusta de forma especial a ciertos medios de la derecha española para quienes los estudiantes, hoy deberían de estar en las aulas, estudiando, en lugar de haciendo el gamberro por las calles. Sin ir más lejos, el diario La Razón, reproducía hace algunas semanas, las fotografías y datos académicos y personales, erróneos y muy malintencionados, de los representantes de los sindicatos estudiantiles, supuestos organizadores de las movilizaciones. La buena noticia es que, al menos el hecho causó un enorme rechazo entre una gran parte de la población española, todavía decente, que ha propiciado que dicho diario acabe en los tribunales. A dicha portada solo le falto añadir a la ficha de los estudiantes un «se busca por vagos y maleantes». Lo que pone los pelos de punta es que tras este ejemplo del anti periodismo subyace un espíritu represor que recuerda a viejos tiempos que ya todos creíamos olvidados.

Uno de los jóvenes mencionados, Tohil Delgado, presidente del Sindicato de Estudiantes afirmó en varios medios de comunicación que el reportaje es un «claro ataque al conjunto del movimiento estudiantil para desprestigiarlo y criminalizarlo. Cierta prensa, de la derecha ultraliberal está siguiendo, sin reparos ni complejos, «una estrategia que recuerda a lo que sufrieron nuestros padres y abuelos cuando luchaban contra el franquismo»

La Plataforma Estatal por la Escuela Pública apoya y secunda esta huelga en todas las comunidades autónomas, a excepción de Baleares y País Vasco. El Real Decreto Ley de Medidas Urgentes impuesto, a la velocidad del rayo por el gobierno de Rajoy (un Ejecutivo que le está cogiendo el gusto a los RDL que se pueden pensar, redactar y aplicar en 24 horas). Algo que aterra a los cinco sindicatos de Educación, UGT, CCOO, CSIF, ANPE, y STES, que consideran sin paliativos que este recorte no sólo supondrá el despido de unos 100.000 puestos de trabajo, entre interinos y profesores, sino que supondrá un empeoramiento en la calidad y una falta de oportunidades para las clases menos favorecidas.

La amplia difusión mediática que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha hecho de la educación bilingüe en Madrid, incluso de un bachillerato de «excelencia», como le gusta presumir, ahora parece una broma pesada al lado de estos recortes en la enseñanza pública, unos recortes que lesionan a un derecho básico que tantas décadas ha costado ganar para los jóvenes de este país.

Se rasgan las vestiduras por perder un día de clase

En un país acostumbrado a las fiestas, los puentes y las vacaciones, a los «dictadores» del Real Decreto de los recortes educativos, les parece un escándalo que los estudiantes vayan a perder un «día de clase», gran drama, cuando son precisamente ellos, urgidos por sus necesidades de «tapar agujeros» de una nefasta política financiera, basada en el maquillaje económico, la mentira, la corrupción, la manipulación y la ocultación de datos, los que asestarán, quizá, muchos años de retroceso y empobrecimiento educativo por su manifiesta incapacidad de dirigir su tijera hacia otros sectores.

Los estudiantes, que también componen el grueso asambleario del 15M, han tratado de abrir de mente a nuestros dirigentes políticos. En medio de su miopía, les han indicado algunas «vías» por donde la tijera recaudatoria puede obtener pingües beneficios. Sin necesidad de que sean, como siempre, además de los estudiantes, los que pagan IRPF, los sufridos trabajadores de nómina, los pensionistas y los enfermos (7.000 euros de recortes en Sanidad) los que tengan que pagar por su ineficacia y despilfarro de tantos años.

Estos estudiantes del 15M, de forma responsable y concienzuda, han ofrecido su ayuda a un gobierno, sordo y ciego, y asustado frente a sus examinadores europeos, indicando que los recortes podrían hacerse en varios frentes. A saber, cobrando el IBI a la Iglesia. Suprimiendo las subvenciones estatales a la misma. Recortando gastos del Ejército. Bajando el sueldo un treinta por ciento a los políticos con sueldos exorbitantes (no todos los tienen) y a sus legiones de asesores inútiles que cobran por ser «amiguetes» o por favores del pasado, con dineros públicos. Que gran ejemplo del recién elegido presidente francés, François Hollande. Suprimiendo organismos e instituciones de la Administración, que duplican e incluso triplican funciones y gastos. Juzgando, condenando y exigiendo que devuelvan el dinero y vayan a la cárcel los políticos y ejecutivos financieros que han generado las quiebras y los agujeros económicos de pérdidas multimillonarias.

En fin, una huelga que protesta, en definitiva por el derecho a negarse a pagar la ineficacia de una Administración, no sólo la conservadora, sino también la anterior socialista, y sobre todo la del señor Jose María Aznar, que fue quien puso los huevos de la serpiente durante los grandes festejos del «España va bien, y cuanto más capacidad de endeudarse, más rico es el español».

Se ha puesto de moda poner la culpa fuera y protestar contra Merkel porque Alemania ahora nos pone firmes. Pero cuando, durante tres lustros, aquí se gastaba el dinero a granel, dinero que no era nuestro, sino de la Unión Europea, y básicamente de Alemania, ellos, aquellos gobernantes que hoy «sacrifican tanto a los españoles antes que a sí mismos», creían en esa cantinela que tanto le gusta (quince años tarde) repetir al melifluo presidente del actual gobierno: «No se puede gastar más de lo que se ingresa. Tenemos que hacer los deberes».

Quince años tarde señor Mariano Rajoy, vicepresidente y ministro del Ejecutivo de Aznar, allá por los años de finales de los noventa y hasta el 2004 a las puertas de la gran depresión que sus políticas generaron y que estallarían con pleno fulgor en 2007 durante el mandato de un socialista, Rodríguez Zapatero, quien pasará a la historia como «el hombre de las buenas intenciones, de la honestidad, pero de la falta de músculo y reflejos políticos». «No supimos pinchar a tiempo la burbuja inmobiliaria». Que gran verdad.

Todo esto se lo están diciendo los estudiantes. Tanto los que en esta jornada desfilarán como una «Marea Verde» por las calles españolas, como los que llevan catorce meses ocupando las plazas públicas y ofreciendo «otras alternativas» a unos gobiernos, repito, ciegos y sordos que están demostrando que, en cuanto les sacan de la inercia del seguidismo, entran en pánico y ya no saben «qué más se puede hacer», sino esquilmar el futuro de una juventud que, ya soporta el 45 por ciento de paro en la actualidad.

Magistral clase de Educación para la Ciudadanía

Por si hubiera disturbios o provocaciones no deseadas, la recién constituida ‘Plataforma por la Universidad Pública de Calidad’, que engloba a medio centenar de organizaciones, ha llamado a los estudiantes a secundar la huelga de forma pacífica. No vaya a ser que les enchironen, en aplicación del reciente RDL express que pone la sospecha contra los manifestantes «encapuchados con su sudadera». La Plataforma considera que la «brutal subida» de las tasas universitarias y las medidas que afectan al personal docente investigador «lastran su carrera y disminuyen la calidad del colectivo»

A este gobierno conservador le molestaba como una urticaria la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Quizá porque hablaba de pensar de forma libre y diferente. Quizá porque pedía respeto y aceptación por los derechos de los homosexuales. Quizá porque enseñaba a los adolescentes las bondades de la sexualidad sana y libre de tapujos e hipocresía represora. Quizá porque enseñaba a las adolescentes a ejercer los derechos sobre su propio cuerpo. Quizá porque las enseñanzas de una Iglesia cada día más retrógrada, quedaban obsoletas en las aulas, en pos de una nueva enseñanza basada en el comportamiento cívico y solidario con los ciudadanos. Molesta mucho la libertad. Molestan los estudiantes que piden y claman por sus derechos. Y en el día de hoy, serán precisamente los estudiantes quien ofrezcan a este gobierno «una clase magistral de educación para la ciudadanía».

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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