El presidente se ve obligado a clausurar un día antes de lo previsto el congreso del PP andaluz para evitar a los manifestantes
Son sin duda días complicados y hay entre los populares quien compara la presión que sufre el PP, con la que que padeció en los agitados tiempos de la Guerra de Irak.
Mariano Rajoy exhortó a los suyos, este 14 de julio de 2012 y desde Granada, a «salir de con la cabeza bien alta».
«No tenéis nada de lo que avergonzaros y desde el Gobierno no tenemos nada de qué avergonzarnos».
«No estamos defendiendo los intereses de nadie, sino que trabajamos en beneficio de los españoles, de los que aplauden, de los que se callan… y de los que protestan».
Es lo que se esperaba de él, pero no se puede pasar por alto que Rajoy adelantó la clausura del congreso del partido en Andalucía y habló un día antes de lo previsto, para esquivar las protestas organizadas para este domingo por los sindicatos de funcionarios y un abanico de indignados de diverso pelaje.
Estaban citados 3.000 manifestantes a las puertas a las puertas del Palacio de Congresos. Entre ellos, afiliados de los sindicatos CCOO y UGT, del Sindicato Unificado de Policía y del cuerpo de Bomberos. Y seguro que se les sumaban antistema, antiglobalización, bronquistas, mirones y otros.
Si en La Moncloa tiene gente capaz de decirle la verdad y no ha perdido el instinto, Rajoy debería anunciar ya que tanto él como los ministros del Gobierno renuncian este verano a las vacaciones y que se quedan todos trabajando por el país.
Debería hacerlo, porque España -además de seguir bajo la amenaza de una intervención económica europea- ha entrado en zona de alto riesgo social.
Como reseña Victoria Prego en su columna de ‘El Mundo’, la indignación de los españoles ahora mismo es infinita, general y según va anunciando el Gobierno medidas que castigan a uno u otro sector de la vida nacional, va en aumento.
«La indignación es infinita porque ya se ha instalado la convicción, fundada, de que en esta crisis hay dos clases de españoles. Unos, los paganos, los ciudadanos de clases medias, los que declaran a Hacienda, los que pidieron una hipoteca para comprar su piso, los que no pueden pagarse una asistencia médica privada y necesitan de los servicios de la sanidad publica, los que están sufriendo en sus carnes los recortes sin que puedan rechistar».
«Y otros, muchos menos, los que cabalgan a lomos de los anteriores, al estilo de los chistes del granChumy Chúmez. Son los que se libran de la presión de la crisis porque la sola idea de que puedan escapar junto con sus fortunas o sus empresas hacia países más seguros supone tal amenaza para el Fisco español que quedan exentos de presiones gubernamentales».
«También quienes están enquistados en la hipertrofiada estructura de nuestro Estado y a quienes las olas de recortes y renuncias siguen sin alcanzarles.
La cólerade la gente, al margen de colores políticos, se dirige hacia los mangantes de las entidades financieras; hacia los responsables de las instituciones de supervisión y control; hacia los políticos de todos los niveles y de todos los partidos, y hacia los que viven acurrucados en la tela de araña tejida por esos mismos políticos.
En definitiva, se dirige hacia la clase dirigente en términos generales y sin distinción. Y la estimulan pifias y muestras de ‘insensibilidad social’ como la que protagonizó la diputada Andrea Fabra en el Congreso, cuando Rajoy anunciaba recortes a los sufridos parados españoles.
En este momento no hay un solo mensaje de esperanza por parte del Gobierno porque no puede haberlo. Pero tampoco se le ofrecen al pueblo indignado los sacrificios humanos que reclama con ira.
Sacrificios en el sentido de exigencia de responsabilidades con nombres y apellidos. Con un relato implacable de lo que ha sucedido, por qué ha sucedido, y quiénes han permitido que sucediera.
La pregunta más simple pero más extendida ahora mismo en España es ésta: «¿Quién va a pagar aquí por lo que ha hecho?».
Y esta otra: «¿Es que se van a ir todos de rositas?».
Y en esto no hay distinción entre votantes de izquierdas o de derechas porque todos ellos se sienten víctimas. La única distinción está entre quienes cotizan y aguantan los hachazos y quienes se están librando de ellos.
No tiene sentido que el Gobierno convoque al sacrificio colectivo si no se ve y se comprueba que todos lo hacen. Y cuando se dice ‘todos‘ se incluyen los dirigentes políticos, ocupantes de los distintos niveles de gobierno y de su mastodóntica organización.
¿Entienden por qué tendría que anunciar Rajoy que se quedan todos sin vacaciones? ¿Tendrán la jeta de irse a descansar y los veremos en bermudas por playas, chiringuitos, restaurantes y yates?
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