OPINIÓN / STEVEN EMERSON

Estados Unidos se pone al servicio de los Hermanos Musulmanes

EEUU se ha convertido en el difusor de una ideología que pretende destruir su forma de vida

Estados Unidos se pone al servicio de los Hermanos Musulmanes
Mohammed Mursi. EFE

Los votos todavía están frescos en Egipto, pero la administración Obama ha visto lo suficiente para invertir la política asentada y bien fundamentada de evitar a los Hermanos Musulmanes, organización teocrática obsesionada con el califato global, cuya filosofía ha dado lugar a movimientos terroristas que van de Al Qaeda a Hamás.

Los encuentros de alto nivel mantenidos entre funcionarios estadounidenses y responsables de los Hermanos reflejan «la nueva realidad política de Egipto, y en la práctica de toda la región», informa ‘The New York Times’ en un artículo de portada, «a medida que los grupos islamistas van llegando al poder». Lo sorprendente y peligroso del nuevo reconocimiento estadounidense es que los líderes de los Hermanos se volvieron más abiertamente radicales y militantes una vez que Mubarak fue expulsado, manifestando discursos incendiarios instando a realizar operaciones «de martirio» contra Israel y alineándose con Hamás y los demás grupos terroristas.

Pero como dice ‘The New York Times’, la administración Obama da por buenas «las reiteradas garantías de los Hermanos de que sus legisladores quieren construir una democracia moderna que respetará las libertades individuales, el libre mercado y los compromisos internacionales, incluyendo el tratado egipcio con Israel», cuenta el Times.

Pero existe otra realidad que parece haber sido pasada por alto. Y esa es la trayectoria de los Hermanos en cuanto a engaños y mentiras, políticas que reflejan su modus operandi para ganar legitimidad en Egipto y en todo el mundo pero sin dejar de promover una agenda  militante. Mientras unos responsables de la Hermanos están diciendo a los funcionarios estadounidenses que respetarán las libertades individuales y cumplirán el tratado de paz egipcio con Israel, no es nada difícil encontrar pruebas colosales que arrojan una imagen distinta y más preocupante.

Como se informaba la pasada semana, los Hermanos van a dominar el Gobierno egipcio tras haber prometido la pasada primavera que no iban a aspirar a tal poder. El secretario del grupo dice que los Hermanos «no van a reconocer a Israel bajo ninguna circunstancia» y que someterán a referendo el tratado de paz con Israel. A principios de este año, trataron de ocultar su disposición y sus llamamientos a «la necesidad de trabajar en la creación de un Estado islámico» de los lectores de habla inglesa impidiendo el acceso a su página web.

La pasada semana, sin embargo, el Guía Supremo Mohammed Badie pronunciaba un discurso recordando a sus fieles la agenda esbozada por el fundador de los Hermanos, Hassán al-Banna:

Hay que empezar por la reforma de lo individual y luego empezar a reformar familia y sociedad, luego el gobierno; después el califato de orientación acertada, luego instruir al mundo; instruir en cuanto a orientación, conocimientos, verdad y justicia.

Los miembros de los Hermanos ven en su éxito electoral un enorme paso en la dirección de crear «el califato de orientación acertada». Estados Unidos hace mal en disentir. También sería demencial pasar por alto la trayectoria de los Hermanos.

Después de que militares estadounidenses abatieran a Osama bin Laden, los Hermanos contaban a la audiencia de habla inglesa que «uno de los motivos de la violencia en el mundo ha sido eliminado», informaba Reuters. En árabe, sin embargo, se refería al asesinato a sangre fría del fundador de Al Qaeda utilizando el término honorario de jeque y declarándole shahid, o mártir. La declaración también critica la intervención estadounidense por ser un asesinato.

A pesar de su reputación entre cierta gente de Occidente como presuntos moderados, los representantes de los Hermanos apoyan de forma rutinaria los actos de terrorismo. Hamás, el grupo terrorista palestino que controla Gaza, se declara la rama palestina de los Hermanos. Su presunta intencionalidad pacifista incluye las recientes declaraciones de compromiso con la guerra santa violenta y su promesa de nunca aceptar el derecho a existir del estado de Israel. «Nuestra convivencia con la Hermandad amenaza a la entidad israelí», decía el mes pasado el primer ministro de Hamás Ismail Haniyeh.

A pesar de todo el revuelo de que los Hermanos renuncian a la violencia, Associated Press destaca que «apoyan a Hamás en su ‘resistencia’ contra Israel». Pero la amenaza de violencia de los Hermanos no se limita a las acciones contra Israel. El influyente teólogo de los Hermanos Yusuf al-Qaradawi apoyaba el secuestro y el asesinato de civiles estadounidenses en Irak en el año 2004 por ser «la obligación para obligarles a salir de Irak inmediatamente».

Más recientemente, Qaradawi ha instado a los musulmanes a hacerse con armas nucleares «para aterrorizar a sus enemigos», y daba el visto bueno al asesinato de mujeres israelíes porque «hacen la mili». Ha rezado por ser mártir matando a un judío. Increíblemente, no se ha producido ninguna confirmación ni negativa de la información aparecida la pasada semana en un rotativo hindú que indica que Qaradawi estaría ayudando a alcanzar un acuerdo de paz entre Estados Unidos y los talibanes, cosa en sí misma escandalosa.

Pero hablamos de la misma administración cuyo responsable de Inteligencia Nacional llamaba a la Hermanos «un grupo muy heterogéneo, mayoritariamente secular, que ha renunciado a la violencia» en una vista legislativa celebrada en febrero. James Clapper intentaba retractarse en posteriores pronunciamientos, pero su evaluación explotaba al compararse con todo lo que ha dicho la Hermanos acerca de sí mismos desde su fundación en 1928, empezando por su eslogan:

Alá es nuestro objetivo, el Corán nuestra Constitución, el profeta nuestro líder, la yihad nuestra vía, y la muerte al servicio de Alá el más codiciado de nuestros deseos.

Existen buenas razones para que Estados Unidos no negocie con Irán ni reconozca al gobierno de Hamás en Gaza: conceder el reconocimiento unilateral a movimientos políticos o gobiernos totalitarios no hace sino consolidar sus ideologías terroristas. Censurar, boicotear y condenar al ostracismo a los movimientos y regímenes totalitarios que siguen promoviendo ideologías y políticas violentas es la única forma de eficacia demostrada de minar su legitimidad y contenerlos, a falta de intervención militar. Los Hermanos, que financian al terrorista Hamás, puede contar a Occidente todos los clichés pacifistas que quieran. Pero los precedentes de sus acciones y sus declaraciones en árabe demuestran lo vacío de tales pronunciamientos.

Esto decía Badie, el guía supremo, en octubre tras la decisión israelí de poner en libertad a más de un millar de reos, asesinos de Hamás muchos de ellos, a cambio del soldado secuestrado Gilad Schalit: «El acuerdo también demuestra que Israel sólo entiende el lenguaje de la fuerza y la resistencia. Este idioma es capaz, si Alá quiere, de poner en libertad al pueblo palestino que sufre bajo el cautiverio de los sionistas».

El engaño también forma parte del modus operandi de los Hermanos en América. Las pruebas salidas a la luz en el proceso de financiación al terrorismo más grande de la historia norteamericana demuestran que los Hermanos Musulmanes habían creado una red de entidades fachada de Hamás aquí que operaban con el nombre de «Comités de Palestina».

Una de las pruebas, un ‘Memorando Explicativo del Objetivo Estratégico General del Grupo en Norteamérica’ que data de 1991, describe el trabajo de la Hermanos en Estados Unidos como «una especie de guerra santa a gran escala para eliminar y destruir a la civilización occidental desde dentro y sabotear su miserable existencia a través de sus manos y las manos de los fieles, para que sea eliminada y para que la religión de Alá triunfe sobre todas las demás religiones».

Los atestados brindan «pruebas abundantes» que vinculan al grupo Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses (CAIR) y a sus fundadores con los Comités de Palestina, pero CAIR se niega a reconocer esas relaciones. Las pruebas obligaron al FBI a suspender sus relaciones con CAIR, pero hay políticos y legisladores estadounidenses que siguen dialogando con el colectivo.

Incluso si los funcionarios estadounidenses aceptan el supuesto de que los Hermanos se encuentran en una nueva realidad en términos de relaciones internacionales, es profundamente problemático que Estados Unidos conceda de manera unilateral una legitimidad novedosa sin obtener a cambio concesiones demostrables de que los Hermanos han cambiado de verdad sus políticas.

Seguimos teniendo gran capacidad de presión, apoyando a Egipto con 1.300 millones de dólares en ayuda militar por ejercicio y mediante el apoyo económico de la Agencia Internacional de Ayuda al Desarrollo de los Estados Unidos. Más allá de la presión del apoyo económico, hay muchas opciones por las que puede optar Estados Unidos, como hizo a través de un boicot internacional organizado contra Sudáfrica cuando existía como estado de apartheid.

Al legitimar a los Hermanos Musulmanes más que cualquier otra administración anterior, Estados Unidos está minando a los partidos genuinamente seculares y plurales, en la oposición en Egipto, pero presuponen la única esperanza de alternativa a la llegada de políticas autoritarias de regímenes islamistas. En la historia entera de los regímenes islamistas que llegan al poder a través de elecciones, nunca ha habido un régimen islamista que haya renunciado al poder por la vía pacífica.

Por desgracia, el apoyo de la administración Obama a la Hermanos Musulmanes egipcios discurre en paralelo a su apoyo a la ramas estadounidenses del grupo y a los colectivos fachada, cuyos representantes dicen cosas bonitas en la televisión americana pero continúan difundiendo de manera encubierta la ideología de, y en muchos casos financiando, el terrorismo y la militancia islámicos.

A lo largo de la historia, los grupos y los líderes de los Hermanos en todo el mundo, empezando por su fundador egipcio al-Banna, han difundido la doctrina volátil y conspirativa de que Occidente, los cristianos, los judíos y los infieles han conspirado en secreto para eliminar el islam desde el año 1095, año de la primera Cruzada. Y en la era de las redes sociales mundiales, la paranoia engañosa de que los no musulmanes — Occidente, los judíos y los cristianos en especial — emprenden una guerra contra el islam se ha convertido en el principal factor a la hora de motivar a los terroristas islámicos que perpetran sus atentados. En Egipto como en Estados Unidos y en Europa, los líderes de la Hermanos culparon a Israel, a los judíos y Estados Unidos de los atentados del 11 de Septiembre. Prácticamente todas las detenciones de terroristas islámicos acaecidas en Estados Unidos han sido descritas por los líderes islamistas como prueba de «la guerra contra el islam».

Los Hermanos Musulmanes, en cualquier parte del mundo de El Cairo a Chicago, pretenden ganar legitimidad a través de la campaña de engaños y de penetración en las instituciones y los gobiernos occidentales. Desafía al sentido común conceder legitimidad unilateral a los Hermanes sin exigir acciones concretas de rechazar públicamente su apoyo a los grupos terroristas islámicos o detener la difusión de su volátil mensaje a gran escala de que hay una guerra contra el islam.

Sin pretenderlo o a propósito, Estados Unidos se ha convertido ya en el catalizador oficioso de una ideología militante que en última instancia aspira a la destrucción de nuestro mismo estilo de vida.

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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